A. MÉNDEZ
Las estrategias más sencillas son las que funcionan. O al menos eso deben pensar particulares e inmobiliarias, que ante la escasez de clientes y la dificultad para alquilar y vender propiedades, han intensificado la colocación de carteles informativos en fachadas, farolas e incluso en vehículos, como si de un restaurante se tratara. El centro de la ciudad luce desde hace semanas más anuncios que nunca, pese a que la ocupación de mobiliario urbano está prohibido y el propio Concello, al detectar un aumento de esta práctica, publicó un bando el pasado 8 de mayo donde recordaba esa prohibición y las multas de 751 hasta 1.500 euros que pueden recaer sobre los responsables.
Contienen mensajes sencillos y muy concretos. Hasta ahora era habitual ver carteles en el campus, en Torrecedeira o incluso por el centro para compartir piso, pero poner a la venta directamente el piso utilizando como soporte farolas, parkings, supermercados y portales es algo relativamente nuevo. Y encierra cierto engaño, ya que no siempre son particulares los que están detrás. Uno de los responsables de Fincas Vigo explica que "es una estrategia utilizada por muchas franquicias, ya que el cliente suele llamar porque piensa que un particular le puede dejar mejor precio que una empresa".
Corrobora esta estrategia otra inmobiliaria de García Barbón añadiendo además que "este tipo de publicidad directa suele ser la más efectiva" y a la que se recurre en épocas como la actual "con muchos inmuebles a la venta y poca demanda". El cliente utiliza todos los recursos y a veces no es la inmobiliaria quien los coloca, sino el dueño que ante la falta de resultados a través de agencia busca él directamente cerrar un acuerdo de forma complementaria.
"Es una vieja herramienta, pero se ha intensificado porque hay pocos clientes y hay que ser agresivo", nos explica otro comercial de una inmobiliaria de Príncipe. Las empresas no se identifican como ocurre en los anuncios por palabras, pero están "detrás del 95 por ciento de los carteles", por lo que esta práctica apenas les resta negocio. Otra de las ventajas de esta relativa invisibilidad es que permite a las inmobiliarias esquivar las multas de la Administración local por contravenir la normativa municipal.
"Es la fórmula más efectiva". En eso coinciden las tres inmobiliarias, por lo que es previsible que la práctica siga creciendo.