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ANA NARVÁEZ Los animadores del campamento de verano Abertal se afanaban ayer en poner orden en medio del caos. Alrededor de 350 niños, de diversas procedencias y de entre 8 y 14 años, iniciaban la vigésimo primera edición de unos talleres gratuitos que este año girarán en torno al cine.
Carteles de películas y pancartas anunciaban lo que les espera a los participantes durante los próximos quince días: “aventura, fantasía, terror y mucha acción, juegos imposibles y excursiones.”
Todavía quedan algunas plazas en este campamento urbano subvencionado por la Concellería de Xuventude hasta completar el aforo máximo de 400 niños. Los ochenta animadores dividieron a los chavales en grupos de doce, en función de la edad. Alejandra Buján, una de las monitoras, explicaba cómo se organizarán en el día a día: “Por las mañanas haremos juegos en el pabellón de As Travesas o en Castrelos, como mañana [por hoy], que será el día del Oeste e iremos todos vestidos de indios y vaqueros”.
La monotonía no existe. Por las tardes, los menores pueden elegir entre hacer deporte, cocinar pasteles o ir al taller de música, donde organizarán un gran sing star y bailarán al son de varias danzas del mundo. La dinámica vespertina cambia. “Nos agrupamos utilizando tickets intercambiables, porque son talleres con aforo limitado”, apunta Jampi, coordinador de actividades de la Asociación Abertal. De esta forma, los niños también se mezclan y se conocen entre ellos, “siempre en la igualdad”, como indica Alejandra.
Y es que tras esta explosión de diversidad infantil que convive entre risas y juegos laten valores que se quieren inculcar en las nuevas generaciones.
“Son niños de padres trabajadores, algunos con una economía precaria, y otros vienen de Aspanaex o de educación especial. Todos se integran a la perfección. Les transmitimos valores sociales, como la amistad, el compartir o el respeto. También se enseña a ser pacientes: aceptar el tiempo de juego y el de espera”, relata Alejandra. Jampi no duda, por su parte, de que “el plato fuerte de las actividades de tiempo libre son las relaciones entre ellos”.
Cantar y cocinar
Hay niños que vienen desde hace varios años, como Uxía, quien en su tercer año comienza a vencer la timidez y revela cuáles son sus dos actividades favoritas: “Cantar e ir al zoo de excursión”.En cambio, Nuria, también de nueve años, prefiere cocinar.
Entre los mayores, con edades comprendidas entre los 11 y los 14 años, existen otras aspiraciones. “Vengo a conocer a gente nueva”, afirma Paula, de 13.
Los animadores, todos voluntarios, saben que el campamento es como un ciclo y que todos muestran timidez el primer día, pero luego “a base de dedicación y de hablar con ellos ya no hay quien los calle”, argumenta Alejandra. Adrián admite que el estreno “es duro para ellos y para nosotros, pero luego todos cogemos la dinámica y lo pasamos muy bien”, concluye.
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