FERNANDO FRANCO
¿Alguna vez tras haber solicitado sus servicios acudió a su casa una carpintera en vez del hombre que esperaba? Pues aquí les presentamos a una de armas tomar, de tomo y lomo porque manda, tiene hombres trabajando para ella, le apasiona la madera y lleva en ella desde 1990, en que acabó los estudios de Diseño y Construcción de Muebles en la Escuela de Carpintería de Pontevedra. Claro que luego se fue a Sevilla a estudiar Arquitectura Técnica, o sea aparejadores. Hoy tiene su taller en Porriño y su oficina central en Rorís, 5, en Vigo. Aunque advierte: aquellos artistas ebanistas de la madera ya no existen. "Ahora hacemos nuestros pintos en eso -y nunca mejor dicho- pero la competitividad del sistema capitalista, la optimización en rapidez y precio, nos obligan a trabajar con carpintería de piezas standard, que ya vienen de fábrica aunque nosotros les hagamos las transformaciones oportunas".
? No tiene memoria María del Carmen de haber pretendido otra cosa desde su infancia que la carpintería. Ella recuerda aquel taller de su padrino en A Guarda, que ese sí que tenía carácter artesano porque eran otros tiempos, al principio de los 80, en que no nos había invadido la carpintería seriada de madera, esa que se compra y se monta según medidas. Su padrino no y ella se acostumbró a jugar entre serrín, gubias, cepillos, trenchas... En esa carpintería precisamente tendría su primera experiencia con sólo 12 años, cuando con otra gente del colegio se les ocurrió construir casitas para muñecas que luego vendían en el mercadillo del pueblo para obtener dinero para el viaje de fin de curso.
? Desde los 12 años más o menos, al tiempo que estudiaba trabajaba durante los veranos en la carpintería de su padrino, llena de hombres por todas partes. Mucho barrer para empezar, mucho lijar y ayudar a montar piezas como auxiliar de los oficiales. Nadie empieza por arriba. Estudió Auxiliar Administrativo después allí en A Guarda, es cierto, pero porque no había estudios de carpintería. Eso sí, fue ahorrando lo que ganaba cada verano y, por fin, pudo dar el salto, ir hacia la meta ansiada: estudiar en la Escuela de Carpintería de Pontevedra. Y en 1990 acabaría con el título de Diseño y Construcción de Muebles.
? Pero esta mujer siempre fue un culo inquieto, una peleona en un ring masculino, y se fue a Sevilla a estudiar Arquitectura Técnica (Aparejadores), consiguiendo que una empresa la confiara la coordinación de los trabajos de construcción de varios pabellones de la Expo de Sevilla: el de Finlandia, Canadá, el de Navegación y el de España. ¡Vaya suerte, se repetía, tener tan importante cometido cuando era poco menos que estudiante! Ahí estrenó ya su título de carpintera que luego, tras cerrar la Expo en 1992, le llevó por otras partes de España trabajando para la misma empresa.
? ¿Anécdotas con hombres que la veían como una marciana, una intrusa en territorio masculino? Incontables, pero ella no quiere hacer sangre de ello porque, en realidad, nunca tuvo grandes problemas. Recuerda, por ejemplo, que el segundo día en que actuaba como responsable de Producción en la Expo se le negaron a descargar un camión un sábado. "Sólo les dije. Vale, nos veremos la siguiente semana, y la siguiente. Y decidieron que era mejor descargar y llevarse bien con esa mujer de 21 años que algún loco (para ellos) había puesto al mando de hombres". Reconoce que oyó frases impublicables pero que esos tiempos quedaron atrás y hoy el hombre es diferente. "La primera defensa del hombre -dice ella- cuando en un trabajo duro le mandaba entonces una mujer era decir que no tiene ni idea, o que está quitando el puesto a un amigo. Y, por supuesto, si tiene un error ya tienen la respuesta preparada: "Claro, qué fai aquí unha muller".
? Pero el currículum de esta mujer incluye también otras áreas, como por ejemplo la enseñanza en escuelas-taller, en las que ya desde 1995 empieza a notarse la presencia femenina. Sin embargo, no acaban como carpinteras. Le pregunto y no lo duda. "Suelen ir a un cargo de responsabilidad", responde. ¿Y eso? vuelvo a preguntar. "Usted sabrá", dice con una sonrisa en los labios como sugiriendo que las mujeres son mejores. María del Carmen entró en el Centro de Investigación de la Madera, en el que daba seminarios sobre la construcción con este material a aparejadores y arquitectos. Hasta que en 1997 montó su propia empresa, Arlequín de Madera, con base en Rorís, 5 y taller en Porriño. Desde entonces son muchas las obras que ha hecho aquí y allá, sea de carpintería como de aparejadora. y, por medio, algunos viajes de especialización al extranjero.