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El ex ministro vigués José Manuel Otero Novas se enfrenta hoy a un emotivo día como pregonero del Cristo de la Victoria. Reclama en su intervención una vuelta a los valores fundamentales: la verdad y el respeto. El mismo que pide para la imagen del Cristo, una figura que reivindica como parte de la historia de la ciudad y que trasciende el ámbito religioso. Recién retirado como abogado del Estado en el Tribunal Supremo, se siente libre para opinar sobre la política educativa y económica del gobierno y la pérdida de peso del Estado español en Europa.
–¿Qué opinión le merece el debate surgido sobre la inclusión o no del Cristo en la Semana Grande de las fiestas?
–Juzgar lo ocurrido sería una temeridad por mi parte porque no estoy al tanto de los detalles, pero pediré estos días que me lo expliquen para entender qué ha pasado. El Cristo de la Victoria trasciende el ámbito religioso y cualquier ideología, es historia viva.
–¿Falta tolerancia o respeto?
–Un poco de ambos. Hay que respetar los sentimientos religiosos de todos, sean mayoritarios o de una minoría. A mí tampoco me gustan los fuegos de Bouzas, es un espectáculo que no comparto, pero son entrañables, forman parte de la historia de esta ciudad y deben ser respetados. Así de sencillo.
–¿Qué le parecería ver en el pregón sólo a parte de la corporación municipal?
–A quien no vaya no se lo anotaré (risas). No los voy a juzgar y desde luego ellos sabrán a lo que juegan. Yo no estoy atado a nadie y me siento tranquilo.
–Frente al todo vale y a la relajación religiosa, usted promulga en sus ensayos y libros el humanismo cristiano. ¿En qué consiste exactamente?
–Es un conjunto de principios que ante todo reivindican la necesidad de la verdad. Ésta existe y se rebela frente al posicionamiento filosófico de que todo es relativo. El segundo principio que defiende es la no indiferencia y la aceptación de las leyes naturales. Uno no se debe enfrentar a la naturaleza. Y todos estos principios son la base de la igualdad esencial de los hombres.
–Ministro de Educación con UCD, ¿qué opina de los problemas para aplicar Educación para la Ciudadanía (EpC)?
–En lo esencial estoy de acuerdo con el Tribunal Supremo. Los gobiernos tienen derecho a fijar las enseñanzas de su sistema educativo y los centros deben obedecer. A lo que no tiene derecho el Estado es a educar a la juventud según una determinada opción moral. Eso es totalitarismo, imposición moral, y el Supremo ya ha advertido al Estado de que no puede orientar a los jóvenes.
–Ha denunciado en reiteradas ocasiones al Estado invasor de las conciencias de los ciudadanos. ¿Están los gobiernos yendo demasiado lejos?
–Es algunos ámbitos sí. Es una tentación permanente de los poderes públicos inmiscuirse en las conciencias de la gente, intentar clonarlos. Eso es mesianismo. Los instrumentos de los que se valen pueden ser legales, pero no legítimos. Es lo que ocurre con EpC, la ley no es criticable, pero los decretos autonómicos en mi opinión han sobrepasado ya la raya del adoctrinamiento. Corremos el riesgo de volver a los fundamentalismos e imponer un proceder similar al de las escuelas coránicas aunque en un sentido opuesto.
–En sus textos alerta reiteradamente del abandono de lo religioso y las consecuencias de ese cambio en la sociedad. ¿Qué problemas acarrea?
–Desde mitad del siglo XX hasta ahora estamos en una etapa hedonista en la que se prescinde de lo trascendente siguiendo la idea de que no hay nada profundo fuera de uno mismo. Pero irremediablemente volveremos a una etapa marcada por los idealismos. El mundo está hecho cíclicamente y las tendencias cambian sin remedio para el hombre.
–¿Pasará lo mismo entonces con la crisis económica?
–La tendencia es similar. El ser humano pasa del hambre al hartazgo y de la depresión a la euforia al igual que la economía pasa de una fase de especulación a otra de recesión como la actual. Ambas son etapas recurrentes en la historia y están llamadas a concluir.
–¿Nos ha podido la codicia o es que fue imposible predecir lo que se venía encima?
–Los responsables políticos sabían lo que se avecinaba pero no se hizo nada por corregir la situación porque estas medidas podrían traer paro y tener repercusiones en unas elecciones. Cortarlo hubiera sido impopular así que se optó por capear el temporal y ganar tiempo.
–Crítico con la gestión económica y social del gobierno, su actitud es fruto de su experiencia o más ideología?
– Hay algo de idealismo pero sobre todo educación y experiencia detrás de mis reflexiones. Tengo el privilegio de que puedo hablar porque no estoy atado a nadie, no tengo responsabilidades políticas y no me presento a ningunas elecciones.
–Contrario a la descentralización del Estado y los matrimonios del mismo sexo, le han tachado de ultraconservador, ¿le molesta?
– A estas alturas de mi vida me río de esos términos porque no me considero conservador. Al contrario, lo que estoy es preparando el cambio de la sociedad actual. Conservador es quien quiere mantener el status quo y se opone a una nueva ley electoral o a facilitar el acceso a la política.
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