F. FRANCO
Nació esta mujer allá por 1926, cuatro años después de que María Casares lo hiciera en A Coruña, en un Vigo que se expandía urbanística y demográficamente y cuya burguesía liberal asentada en los negocios de la mar poseía los mecanismos de poder económico y político.
Aunque nunca estuvo vinculada con sus modos y costumbres, María del Carmen pertenecía a ese segmento social, hija de un padre naviero que merecería ser más estudiado, Gustavo Kruckenberg Sartorius (Hamburg America Line), que llegó a esta ciudad en 1912 como enviado de la Lloyds, y de la viguesa Josefina Sanjurjo, de la "buena sociedad" viguesa.
Montero Ríos fue la calle en que vivió de niña (luego lo haría en el Vigo señorial de Urzáiz) en esta urbe en la que hizo estudios de Bachillerato en el Colegio Alemán y en la que, lectora pasional de poesía (desde Rosalía a Rilke pasando por Baudelaire), empezó a singularizarse por un comportamiento nada común con el resto de sus coetáneas. Nada extraño en una mujer que vivía en un medio ambiente culto y cuyo desahogo económico le permitió viajar ya desde niña con frecuencia, "pero como los viajeros del siglo XIX no en recua". Su mirada había roto con las estrechez de la vida de provincias en unos tiempos en que tampoco existía una televisión para acercarlo todo. "Era una sociedad poco inteligente -dice ahora recondándolo- , con un retraso de medio siglo en los derechos de la mujer.
Por eso, por mi comportamiento, dijeron todo lo que se tenía que decir pero ya pasó".
Esa actitud rupturista con los usos sociales incluyó una activa etapa nocturna de joven, que la llevaban a ella y amigos por los garitos de aquel Vigo de los años 40. Mirando hacia atrás dice ella riendo que a veces le preguntan porqué se mantiene tan joven a lo que , alentada por ese gusto suyo por ir a la contra, responde: "Porque me he bebido dos bodegas enteras, me he fumado tres tabacaleras y he procurado acostarme a horas tempranas, nunca antes de las 4 de la madrugada".
En ese contexto nada prejuicioso respecto a la mujer, se entiende que muy joven, allá por 1945, asistiera a la tertulia de la tabarra "amada" con Eduardo Moreiras, Celso Collazo, Emilio y Xosé María Álvarez Blázquez, Celso Emilio Ferreiro, Prego de Oliver... anticipo de las que viviría luego en Argentina con los grandes poetas españoles del exilio. No hay que imaginar mucho que tan singular y atractiva presencia(inteligente y precoz), suscitara comentarios, inspirara poemas y originara cuadros como el que le hizo Laxeiro en 1946.
Impecable en su vestimenta, estilosa, de andar ligero y boquilla en su tiempo entre los labios, no es extraño que le sobraran pretendientes: casó en 1943 con el italiano Ezio Pusone, hijo del director de la Ópera del Cairo, matrimonio que sólo le duró un año aunque del mismo nació su única hija, Cristina. Ya separada, Mª do Carmo Kruckenberg vivió en Buenos Aires 4 años que debe tener en el libro de oro de su memoria porque allí entraría en contacto con la "creme de la creme" de nuestros intelectuales, como Rafael Alberti y María Teresa León, Miguel Ángel Asturias, Alejandro Casona, Arturo Cuadrado, Luis Seoane, Borges, Lorenzo Varela, Díaz Pardo, Emilio Pita... De algunos guarda viejas cartas que se conocerán en sus Memorias, en breve en la calle. Viaja a Montevideo y trata a Juana de Ibarbourou y Clara Silva. Incluso Castelao, es visitado do veces por ella, con Roberto G. Pastoriza como tema.
El de sus viajes es un apartado crucial porque ensancharán al infinito la perspectiva de su mirada ya desde niña. Esta andariega infatigable iría de Lisboa a Berlín, de Viena a Sofía, de Praga a París, de Roma a Florencia o Budapest, a Bangkok, Egipto, Senegal, Brasil, New York, La Habana... unos 39 países, algunos repetidos tres veces. El hecho es que en 1953 deja Argentina y vuelve a España, donde pasa tres meses en Madrid y conoce a Aleixandre, Gerardo Diego... Luego pasa una estancia en Vigo (está en su poesía que siempre retorna a esa ciudad) y su espíritu inquieto la lleva otra vez a Estados Unidos, lo que le permite conocer a Lorca, Laura de los Ríos, Madariaga, Jorge Guillén o la poetisa Marina Romero.
Vuelta a Vigo reside aquí ya de modo más estable, solucionando su supervivencia como visitadora médica. El tiempo libre que le queda pinta, dibuja... pero no debemos olvidar que la literatura, con más o menos paréntesis, siempre le ha acompañado, llegando hoy a los 30 libros, los más de ellos poemas, primero en castellano y después en gallego.
Un recorrido por los caminos del arte
Parafraseando a Neruda, bien puede decir ella "Confieso que he vivido", tras visitar 39 o 40 países, reir y llorar, recorrer los caminos del arte y de los artistas, tener grandes amigos y ser una librepensadora que hizo lo que quiso cuando pudo.
Hace tres años, entre "Cantigas do Vento" y "As complexas mareas da noite" habían transcurrido 27 libros, que hoy serán quizás ya 30. Los premios (Medalla de Galicia, Premio Castelao, la E da AELG, Dama do Oruxo...) a esta mujer políglota y llena de palabras han sido diversos.
Y, si mira atrás, halla una infancia maravillosa y un padre que la dejó crecer en libertad ¿qué mejor memoria? Pronto saldrá su biografía.