SANDRA PENELAS
Su vecino, el Teatro García Barbón, les puso "el listón muy alto", pero han superado con nota el examen. Del antiguo residencial Nilo, que albergó en su entresuelo a la popular chocolatería Bonilla, no queda más que la fachada y su valor arquitectónico. El hotel Inffinit acaba de iniciar su andadura en un enclave privilegiado con vistas al cliente de negocios. La ocupación, destaca su director, Felipe Otero, "ya es casi del 50% durante la semana".
"Urbano, contemporáneo y con carácter", el nuevo establecimiento en Marqués de Valladares ofrece un trato familiar al cliente y alguno de sus primeros huéspedes ya ha repetido la experiencia. Ejecutivos de Media Markt, Bimba&Lola o Inditex ya lo han utilizado para reuniones de negocios y la dirección gestiona un convenio con una cooperativa portuaria.
Su propietario, un empresario mexicano de origen ourensano, pretende que el Inffinit de Vigo sea el primero de una serie de hoteles "en los que la calidad prima sobre la cantidad". El siguiente en unirse a este nuevo concepto será el hotel que ya gestiona desde 2005 en Sanxenxo.
Cristal, acero, madera y piedra natural son los elementos con los que han jugado los arquitectos vigueses Rogelio Pérez y Antonio de Cominges. Sus interiores, en blanco y negro, priman la elegancia, pero también la funcionalidad.
Clásicos del diseño contemporáneo como la chaise longue de los Eames o la mesa Eileen Gray forman parte del mobiliario en las zonas comunes y privadas. Y es de destacar la cuidada iluminación.
El hotel, de tres estrellas, se distribuye en nueve plantas. La primera se destina a recepción y cafetería, mientras que la segunda acoge varios salones, en el que sólo se sirven desayunos. En el resto de pisos se encuentran las treinta habitaciones. Los dos últimos se destinaron a las cuatro suites, que gozan de terrazas con suelo de cumarú y envidiables vistas del teatro y del centro de la ciudad. Todas están dotadas de nuevas tecnologías para ajustarse a las necesidades del cliente.
Pasar una noche en un cuarto convencional supone un desembolso de entre 74 y 82 euros, mientras que el precio de las suites asciende hasta los 250. La dirección decidió no subir los precios durante la temporada de verano, lo que ya se ha traducido en varias reservas.
Los arquitectos diseñaron una pieza escultórica presente en cada planta, a modo de dos dados con todas sus caras impolutas, para desear suerte a los huéspedes. Además, las suites exhiben una colección en exclusiva de Din Matamoro sobre el concepto del viaje.