SANDRA PENELAS
Bilbaíno de nacimiento y gallego consorte –su mujer es viguesa e hija de pediatra–, el doctor Bernaola considera a las vacunas, junto con la potabilidad del agua, “el instrumento que más ha contribuido a mejorar la salud de la humanidad y disminuir las muertes”. Ayer pronunció una conferencia invitado por el Club Gamboa en la que recomendó a los padres que vacunen a sus hijas contra el virus del papiloma humano (VPH), orgien del cáncer de cuello de útero.
–Tras el ingreso de dos niñas en Valencia con reacciones adversas, surgieron voces en contra de la vacuna.
–La defiendo con mucho entusiasmo porque no quiero que las mujeres tengan cáncer ni pasen por la angustia de esperar el resultado de unas pruebas. La vacuna es excelente y completamente segura. No hay datos para pensar que dé más problemas que cualquier otra y evita una enfermedad que mata a 400.000 mujeres en el mundo y a dos cada día en España. Es un avance de tal calibre que ojalá todos los cánceres estuviesen causados por una infección como éste para evitarlos. La mayoría de los que se opusieron dijeron que resultaban muy caras, pero que se presenten a unas elecciones, las ganen y después digan dónde emplean el dinero. Y la mayoría eran hombres, pocas mujeres han protestado. Respecto a las niñas de Valencia ha quedado demostrado que era una simulación. Tenían el síndrome de conversión y, el año anterior, una de ellas mantuvo durante una temporada que no veía. Todos los organismos internacionales concluyeron que sus síntomas no tenían nada que ver con la vacuna, pero el caso contribuyó a que muchas niñas se quedasen a medio vacunar y que otras no lo hayan hecho.
–Cada vez es más habitual que se generen debates sobre cuestiones sanitarias entre la clase política y la sociedad desprovistos de base científica.
–La gente puede discutir de lo que quiera, pero con conocimiento y midiendo las consecuencias. Si creas polémica sobre un medicamento que supera una serie de trabas y cribas antes de comercializarse generas una alarma y provocas que mucha gente se quede sin vacunar. Hay ciertas cosas que sólo se deben discutir en los foros científicos.
–En este caso, ¿han sido responsables los políticos?
–Generalmente tienen asesores detrás que les aconsejan a la hora de tomar la decisión. En este caso, siendo un poco mezquinos, se trataba de un tema, el cáncer de la mujer, con gancho político. Pero en general cuando se toma una medida así es para que la gente esté mejor. Aunque si a los padres les hubiesen preguntado si preferían recibir los tres mil euros que daba Zapatero por recién nacido o que administrasen a sus hijos la vacuna del neumococo seguramente estarían más contentos con esta opción.
–¿Cómo está el sistema de vacunas?, ¿hay muchas diferencias entre comunidades?
–Hay algunas diferencias, como en el tema de la financiación autonómica (risas). Hay privilegiados como los de Navarra, que reciben la vacuna de la varicela y los de Madrid, que tienen ésta y la del neumococo. Confío en que poco a poco los políticos sean más sensibles y todos disfruten del mismo acceso. Pero si tiene algo muy bueno España es que los niños son vacunados y la cobertura es casi del cien por cien. Los medios han tenido mucho papel en fomentarlo y parte de responsabilidad en la buena respuesta.
–¿Qué le diría a los padres que optan por no vacunar a sus hijos?
–Le diría que por qué no se van a Nigeria y a ver si tienen narices de no vacunarlos allí. La gente es muy valiente cuando el resto está vacunado, pero en un ambiente rodeados de otros niños con polio o sarampión no creo que fuesen capaces.
–¿Deberían ser vacunados los niños en otoño contra la gripe A?
–Espero que sea así. Los niños son los que más contagian a los demás y durante más tiempo. En este sentido, son los ideales para vacunar. Y en las pandemias, junto con los jóvenes, son los que más sufren y tienen mayor mortalidad. Habrá que esperar a si la OMS los declara grupo de riesgo. Por ahora el virus es bastante benigno, pero no sabemos cómo estará cuando vuelva del hemisferio sur. Nuestra idea es que se vacunen cada año de la gripe convencional.