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SANDRA PENELAS Una cerca con alambre como paisaje de fondo en una foto de recuerdo. La cárcel no es el lugar sórdido que las películas han forjado en la imaginación de casi todos y José Luis, uno de los educadores, sonríe y llama "morbosos" a los visitantes por no retratarse frente a los cuidados jardines del patio, la fuente o sus fachadas decoradas con llamativas pinturas de monumentos gallegos.
Pasados los controles, las puertas que se cierran tras de ti y el silencio de los pasillos, el visitante puede llegar a olvidar dónde se encuentra. Para quienes viven obligados en A Lama, sin embargo, no resulta tan sencillo.
Sólo caben huidas momentáneas como las lecturas semanales de Bécquer, Valle Inclán o Cortázar que durante los últimos meses han comentado con varios alumnos de Filología Hispánica de la Universidad de Vigo apoyados por la catedrática e ideóloga del proyecto, Dolores Troncoso, quien puso en marcha estas clases de literatura hace tres años.
"Es una experiencia muy bonita. No porque esté haciendo algo bueno, sino por lo que aprendes allí", comentaba el pasado viernes antes de viajar hacia A Lama con sus alumnos para disfrutar del festival fin de curso y entregar los diplomas a los presos.
De camino en el autobús, Soledad Cuba y David Pérez recordaban su primera visita a la cárcel: "No es como esperas. Los presos no van de uniforme, visten su ropa, y te los encuentras arreglando el jardín". A Ana Gago, que les explicó un cuento de Emilia Pardo Bazán, lo que más le llamó la atención "son las ganas que tienen de que alguien les escuche".
"Vivir la experiencia"
La comitiva universitaria la completaban tres "erasmus" franceses que también han ejercido como profesores, la vicerrectora María del Carmen Cabeza y una alumna finlandesa que no participó en los cursos, pero quería vivir "la experiencia".
En A Lama se encontraron con otra de las participantes, Tania Villar, que calificaba de "gratificante" el contacto con la veintena de presos a los que han dado clase: "Tendría que aprovechar esta oportunidad todo el mundo. Ellos son muy dinámicos y participan en todo. Si no fuese por el alambre, esto parecería un colegio mayor ".
Los cursos de literatura forman parte de la escuela de la prisión, que agrupa "a 500 presos de 56 países diferentes", destacaba su director, Juan Carlos Villar. "Leer les supone una puerta abierta para evadirse y conocer otros mundos", añadía.
"La gente se sorprende cuando viene y escucha a los internos hablar de poesía o de libros que cualquier ciudadano no ha leído", aplaude el director de A Lama, José Antonio Gómez.
Un de ellos, Jose, de 26 años, sólo leía bestsellers hasta que los universitarios le ayudaron a descubrir "otra parte de la literatura". ¿Estaban nerviosos? "La cárcel impresiona, pero a ellos se les veía bastante bien. Hay quien piensa que tenemos una enfermedad contagiosa, pero parecían cómodos. Tampoco tienen mucha experiencia como profesores, pero lo han hecho muy bien", reconocía ante las caras de satisfacción de sus jóvenes docentes.
Durante la entrega de diplomas, que también contó con la presencia de un responsable de Caixanova, Dolores Troncoso mostró su "máximo agradecimiento" a los presos por todo lo que ellos le enseñan cada año. Y bromeó sobre su interés frente a la desidia de algunos universitarios: "En la facultad miro la hora, pero aquí se me pasa la clase volando".
La fiesta arrancó con las divertidas actrices de Muaca Teatro y su visión de la relación con los hombres, y el grupo del taller de música puso el broche final con un repertorio de canciones de los setenta y otros éxitos más o menos actuales. Uno de sus cantantes animaba así a sus compañeros: "Mañana nos iremos a la playa". Quizá sea leyendo un libro.
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