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E. OCAMPO De sus acuarelas dijo Álvaro Cunqueiro que albergaban “la permanente alegría de una mañana de primavera” y ésta es un frase que le gusta repetir a sus cuatro hijos. También, que llevó sus cuadros del Berbés por un país donde la acuarela es casi un deporte nacional, Japón. Su primogénito, de nombre idéntico, aún sigue instalado en la ciudad a la que su padre llegó enamorado de una mujer, pero donde, reconoce, acabó amando la tierra. El pintor Antonio Heredero, recién fallecido (en noviembre de 2008) recibirá el nombramiento de Vigués Distinguido por unanimidad de los grupos del Concello de Vigo.
–¿Qué significa este título póstumo para la familia?
–Supone mucho, porque entendemos que era una persona excepcional, por el arte que era capaz de transmitir, y también como persona, que derrochaba alegría. Y eso se vio en su entierro; que tenía una capacidad de hacer amigos que mantuvo hasta el último día. El arte de mi padre representa a Vigo, y él lo ha llevado por todo el mundo. Es madrileño de nacimiento y vino aquí cuando conoció a mi madre. ¡Ya sabes como sois las gallegas, que tiráis para vuestra tierra! (bromea). Levaba 50 años aquí, los mismos que de matrimonio. y comenzó a pintar de una forma totalmente autodidacta en el año 64. La primera exposición importante fue en una caja de ahorros de Vigo.
–Su padre tiene un periplo personal interesante, ¿entró en la guerra civil como soldado y la acabó como abogado en consejos de guerra?
–A mi padre, la guerra lo cogió con 18 años recién cumplidos, estando en Santander y con la recluta obligatoria, ingresó en el ejército en el bando nacional. Tenía hecho primero de Derecho y consiguió ser alférez provisional. Acabó la carrera durante la guerra civil y cuando ésta terminó, en los consejos de guerra, mi padre era abogado defensor. Nunca llegó a ejercer como profesional liberal, pero más tarde dejó el ejército y se dedicó a trabajar en los seguros.
–¿Por qué esa vena tardía?
–Empezó con la pintura a los 48 años e hizo su primera exposición a los 50. Por eso, para nosotros mi padre siempre fue ejemplo de valor, de persona que luchaba por lo que quería, porque descubrió muy tarde que su vocación era la pintura pero lo dejó todo. Con hijos a cuestas, e hizo lo que realmente le gustaba: la acuarela. Lo recordamos pintando todo el día. Fue un ejemplo de seguir su propio camino, de no amilanarse con la edad y de energía vital. Murió la madrugada del 7 al 8 de noviembre y pintó su último cuadro, que dejó a medias, el día anterior a fallecer. Estaba con el caballete; nunca dejó de pintar. Con espíritu alegre y extrovertido.
–Han heredado su vocación.
–Le apasionaban los barcos, la ría de Vigo, el puerto, O Berbés y el mar. Tenemos muchos cuadros de estilo impresionista y de cielos en los que no notas el pincel. Le encantaba bajarse a la lonja con el caballete. Es una vocación continuada por mi hermana Mariola Heredero, pintora de profesión y mi otra hermana.
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