ELENA OCAMPO
La milla de oro de Vigo parece quedarse en bronce. Ya hay al menos tres comercios cerrados en la calle Príncipe, varios locales a alquilar en la zona de Policarpo Sanz más próxima a la Puerta del Sol –aunque algunos por traslado– y en la céntrica calle Ecuador, se cuentan hasta seis tiendas vacías. “María Berdiales asusta; está todo cerrado”, comentan los propios comerciantes. Afloran, sin embargo, grandes rótulos de compra-venta de oro en los balcones; uno de ellos en Gran Vía. Y en la acera, dos personas piden limosna alegando falta de empleo, en menos de cien metros. Ambas van bien vestidas. Precisamente, la crisis económica está afectando más crudamente a los negocios de vestido y calzado y, sobre todo, al centro de la ciudad. Es lo que desvela el último informe de la Cámara de Comercio.
Un simple paseo por la zona más comercial de la ciudad deja un regusto a expectación entre los empresarios locales. Muchos han visto las barbas del vecino a cortar y temen poner las suyas a remojar. Los testimonios que se desprenden de encuestar a tres zapaterías, dos tiendas de marcas “exclusivas”, tres boutiques y una tienda de tejidos, reflejan desconfianza entre los propietarios, tras haber pasado uno de los peores inviernos que recuerdan.
“Creemos que este invierno la gente ni salió a la calle. Contábamos diez minutos y no se movía nada ahí fuera”, relata la dependienta de la tienda de tejidos “Casal”, en la calle Velázquez Moreno. “Pasamos noviembre, diciembre y enero, sin nadie. Pero esto es una cadena: cuando hay, hay para todos. Y algo se vende estos días... ¡a ver si con el buen tiempo!”, exclama. El gerente del mismo establecimiento, más resignado, explica que “la gente que tiene dinero, no lo gasta por la psicosis de la crisis y el que no lo tiene, ¿cómo lo va a gastar”. Se queja, además, de la falta de ayudas a los autónomos: “Aportamos el 70% de los ingresos del país, pero nadie nos da nada y luego se les deja la pasta a los de siempre”, asegura.
En las boutiques, el testimonio es similar: “No hay afluencia de gente, parece que ni se atreven a entrar en los comercios. Y hay muchos que han tenido que cerrar porque, por desgracia, no lo han soportado”, lamenta la responsable de la boutique “Stellya” en calle Velázquez Moreno, Margarita Durán, “parece que sólo se ayuda a los inmigrantes”. “Hay que animar al consumo porque, de lo contrario, se paraliza el país. Tengo confianza en la primavera, en que la gente pierda el miedo poco a poco”. “Sobrevivimos, que no es poco. Y no sin dificultades”, advierte la dependienta de “Brighton Gladys”, en Policarpo Sanz. “Cada vez, la gente gasta menos dinero, todo lo quiere muy bueno, pero muy barato”. Ése es, también, el testimonio de las dependientas de la zapatería “Dadá”, con varias tiendas en el entorno de Príncipe.