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ALBERTO BLANCO Quince inspectores de la Policía Local se hacinan en apenas diez metros cuadrados, la temperatura supera los 20 grados y sólo hay dos sillas y una mesa repleta de papeles. El poco espacio vital que les queda lo ocupan dos archivadores y varias cajas en el suelo. Un ventilador gira en vano a pleno rendimiento. La sala, bautizada por los agentes como “la pecera”, es el fiel reflejo de la deprimente situación en la que trabajan los 350 agentes que pasan cada día por el Ayuntamiento. La Jefatura perdió su rango hace años; algunos la llaman ya “la caverna”. Los garantes de la ley y el orden trabajan en el caos.
Decenas de oficiales comparten cubículos de apenas 20 metros cuadrados. La “multifuncional”, como bautizaron los funcionarios a la sala común, hace gala de su apodo. En una mesa flanqueada por sólo ocho sillas se toman un café, rellenan los informes, recogen los correos y las nóminas, leen el tablón sindical... “Un zulo para más de 300 personas”, resumen.
La mayoría de los despachos son interiores y carecen de ventilación. El calor es tan sofocante que los policías han tenido que recurrir a soluciones caseras. “Aquí encontramos una cámara de aire y decidimos abrir un agujero”, relata un agente mientras muestra el butrón que tuvieron que hacer en otro de los despachos de la Jefatura.
Cada rincón del departamento está ocupado. Los policías chocan por los pasillos y apenas caben en las salas. No hay más espacio para crecer, sí para “recalificar”, como ya hicieron con el departamento de Informadores, que hace años se transformó en vestuario; o los pasillos, donde se ubicó la oficina de Relaciones Ciudadanas. “Cuando llegue la siguiente promoción no sé dónde se van a meter. Aquí no hay sitio para más gente”, suspira un policía.
El esperpento llega a la hora de ducharse. Sólo hay 16 grifos y la mitad están averiados. Únicamente los más rápidos logran lavarse con agua caliente; las dos calderas no dan para más y no hay espacio para instalar una nueva. “Al octavo le toca el chorro de agua fría; hay auténticas carreras para llegar de primeros”, explica un portavoz de la Policía Local.
En el gimnasio empeora el panorama. Sólo dos ventanucos interiores oxigenan la sala de máquinas, y el único aire que entra procede del garaje del Concello. La zona deportiva está pegada al aparcamiento de motos y contigua al taller mecánico. Para llegar a la ducha deben atravesar por el humo de los escapes.
La Gota de Leche
La situación es tan grave que el alcalde, Abel Caballero; el concejal de Tráfico, Xulio Calviño; el Jefe de la Policía Local; Carmelo del Castillo y los sindicatos admitieron ya que los agentes están hacinados. Todos se han subido al mismo carro para pedir el edificio de la Gota de Leche como la solución para que el cuerpo pueda abandonar la “caverna”. En los pasillos de la Jefatura no se habla de otra cosa. “Es el lugar ideal. Al lado del Concello, espacioso y con posibilidad de ampliación. Si el Ayuntamiento cede otro edificio para el albergue, resolveríamos dos problemas a corto plazo: el de la Policía y el de los indigentes”, resumen desde el Sindicato Independiente del Concello. “Esa es nuestra apuesta y la petición que trasladamos al próximo presidente de la Xunta. Si nos tenemos que movilizar para conseguirlo, lo haremos”, advierten.
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