EFE
"Fue como si tuviera ante mí un comando de la muerte. El primer golpe fue el peor, como un puñetazo de hierro. Pensé que me reventaba los pulmones, aún hoy me resiento", relató Josef Brunlehner, ante la audiencia de Hildelsheim (norte del país).
Según el agredido, los acompañantes del príncipe se encargaron de impedir que la cosa fuera a mayores y le apartaron, salvándole así la vida.
Brunlehner dio una visión muy distinta de la proporcionada por Ernesto de Hannover, quien ayer, al abrirse el nuevo proceso sobre el caso, insistió en que sólo le propinó un par de bofetones, molesto por su ruidoso local.
El propietario de la discoteca, en cambio, sostiene que fue una soberana paliza, aunque reconoce no recordar al cien por cien si su agresor llevaba un puño de hierro, como había afirmado en un principio.
El proceso fue reabierto a instancias del propio príncipe, quien en 2004 fue condenado al pago de una multa de 445.000 euros por la agresión al dueño de la discoteca.
Las imágenes de Brunlehner doliente en un hospital de Mombasa dieron la vuelta al mundo y reforzaron la mala reputación del príncipe, que en otras ocasiones reaccionó a paragüazos contra fotógrafos y de quien se conocen varios excesos alcohólicos.
El incidente ocurrió durante unas vacaciones familiares de Ernesto de Hannover en la isla de Lamu, al sentirse importunado por el ruido procedente del local lo que, en su opinión, molestaba a todos los residentes de ese idílico y elitista lugar de descanso.
El príncipe cuenta con una serie de nuevos testigos, según los cuales el propietario de la discoteca exageró sus lesiones.
Se prevé que por la audiencia de Hildesheim pase a declarar como testigo Carolina de Mónaco el 23 de julio próximo.
Tanto Ernesto de Hannover como su esposa han mantenido múltiples pleitos contra la publicación de fotos de su vida privada o por arrebatos de mal humor.
Ernesto Augusto se personó ayer elegante y sonriente a la audiencia, pero hoy contrarió la expectación de muchos al ausentarse y hacerse representar -de acuerdo a su costumbre- por su abogado.
El fiscal protestó por el hecho, pero el juez recordó que su presencia no era determinante para la vista, lo que reservó al agredido el papel de protagonista de la sesión, en la que se recrearon los hechos.