C.G./F.M. / PONTEVEDRA
Monte Porreiro, en Pontevedra, se ha convertido en un barrio que se encuentra en un estado de movilización permanente. Apenas hay un momento del día en el que no haya un grupo de personas expectantes ante el edificio en donde han sido realojadas las familias gitanas procedentes de O Vao. Los vecinos montan guardias espontáneas, atentos a cada uno de los movimientos que realizan los nuevos inquilinos que llegan desde el poblado chabolista.
Cada coche o furgón que decide aparcar ante el número 10 de la calle Alemania es sometido a examen por el vecindario. Están en alerta por si continúan los movimientos de mudanza o por si se reanudan las obras que paralizó el ayuntamiento por carecer de licencia. Tan controlados tienen los movimientos de sus nuevos vecinos que saben que por el día apenas se producen movimientos en estos edificios, pero que sí los hay por las noches, cuando cesan las guardias improvisadas.
Algo parecido sucede ante el bajo del número 5 de la calle Portugal, en donde los vecinos aseguran que se ha realojado a otra familia procedente de O Vao. Allí, en el transcurso de la manifestación del miércoles, una vecina explicaba como la madre de un joven que cayó en la droga permanece vigilante en la ventana incluso de madrugada para controlar los movimientos de las familias chabolistas.
Ayer los vecinos volvieron a manifestarse en contra de los realojos entre las ocho y las nueve de la noche. La concentración ante estas dos viviendas transcurrió sin incidentes, en medio de un fuerte dispositivo policial.
Antes, los dirigentes de la asociación de vecinos mantuvieron una reunión en un despacho de abogados. Es la primera toma de contacto para intentar abrir un frente por la vía legal que les permita frenar la llegada de las familias gitanas.
Luego, de vuelta al barrio se concentraron ante las viviendas de los realojados como medida de presión. De nuevo sonaron las consignas en contra de los realojos que, según ellos, traerán el "trapicheo" de drogas al barrio. Es la segunda de unas manifestaciones diarias que en Monte Porreiro dicen que mantendrán "hasta que el cuerpo aguante".
El subdelegado del Gobierno en Pontevedra, Delfín Fernández, les advirtió, sin embargo, que "no es labor de los vecinos hacer investigación criminal". Los residentes en Monte Porreiro que se oponen a que se instalen en el barrio familias gitanas habían anunciado que pedirían a la Subdelegación del Gobierno los antecedentes policiales de los nuevos vecinos, aunque finalmente desistieron.
Una de las inquietudes del vecindario es que las familias gitanas puedan estar vinculadas al narcotráfico. Delfín Fernández aclaró, sin embargo, que eso le corresponde decidirlo a las Fuerzas de Seguridad. "La Policía hará sus deberes y si hay alguna comisión de delito será abordada con criterios policiales preventivos o trasladado al juez", dijo.