N. PILLADO / OIA
Tan sólo un mes después del primer aniversario de las riadas que sembraron el desastre en varias zonas del municipio pontevedrés de Oia, algunos de sus vecinos recibían ayer una nueva avalancha de lodo y agua. Las intensas lluvias que cayeron durante diez minutos en torno a las siete de la tarde trajeron de nuevo el terror a la parroquia de Viladesuso. Varias casas inundadas, una gasolinera inservible otra vez y la carretera de A Guarda cortada casi toda la noche fueron los resultados del aluvión.
Los anegamientos ya no sorprenden a los afectados, incluso parece que se los esperaban. "Oí los ruidos de las piedras y me asomé a la puerta porque ya andaba con la mosca detrás de la oreja. Enseguida nos pusimos todos las botas de goma y cogimos ropas, ya preparadas en un rincón, para tapar las puertas de la tienda", explicaba ayer José Salinas, propietario de la estación de servicio de Viladesuso, que permanecerá cerrada al menos toda esta semana.
Tapón en el río
Las explicaciones de este hombre se producían en medio del infernal ruido de los trabajos de retirada del lodo de la carretera PO-552, que comunica Vigo con A Guarda. Varias palas y camiones trabajaron a lo largo de casi toda la noche para limpiar el vial mientras que dos patrullas de la Guardia Civil de Tráfico desviaban a los vehículos por el interior de la gasolinera. La función de la maquinaria no sólo se centró en limpiar el barro, sino en eliminar el tapón del cauce. La crecida del paradójicamente llamado río Seco dejó un tronco en el tramo que discurre bajo el asfalto. Tras la madera se acumularon tierra y piedras y los operarios tenían que deshacer el tapón cuanto antes para evitar males mayores ante la incesante lluvia. De este modo, hubo que abrir el vial hasta encontrar el obstáculo.