X. A. T. / SANTIAGO
Las negociaciones protagonizadas el pasado miércoles por los tres líderes políticos gallegos para tratar de sacar adelante la reforma del Estatuto de Autonomía arrancaron y murieron, pasadas seis horas, en el mismo punto, que fue también el punto que levantó las mayores fricciones durante el año que duró el proceso para actualizar el Estatuto, y que no fue otro que la inclusión o no de la palabra "nación".
Las conversaciones se iniciaron directamente con el preámbulo, que es el que debería fijar la identidad de Galicia. Touriño y Quintana recogían en sus propuestas la palabra "nación", término que Feijóo considera inaceptable y que planteó sustituir por "sentimiento nacional".
Las primeras fuerzas de la negociación se gastaron en una discusión que apenas acercó las posturas. En vista de la falta de avances, Touriño apostó por aparcar el preámbulo y sumergirse en el debate sobre el artículo donde se recogería el estatus del idioma gallego. Tampoco se produjo acuerdo alguno y el presidente, como anfitrión de la reunión y siguiendo el esquema que se había marcado, pasó al siguiente punto de desacuerdo, que era la financiación.
Feijóo era partidario de discutir previamente todo el articulado del Estatuto antes de tocar el preámbulo, pero aceptó el esquema de Touriño, aunque en sus intervenciones sacaba a colación los distintos puntos de desencuentro.
Después, las negociaciones volvieron al preámbulo, ocupando su debate la mayor parte de las seis horas.