En la Europa moderna también hay morriña

Cuatro jóvenes gallegos crean la Casa da Cultura Galega en Copenhague, el primer centro gallego en Escandinavia

31.10.2016 | 09:57
Diego Miranda, Tareixa Regueira, Raquel Sertaje y Noela Torres, con los estatutos del centro. // FDV

Puede que aquellas primeras migraciones desde Galicia hace más de 100 años guarden enormes diferencias con las de ahora, pero el motivo sigue siendo el mismo y la melancolía que provocan, también. Por eso como entonces los que se van buscan lugares de encuentro y escaparates para la cultura. Ahora le toca a Dinarmarca. Galicia ya tiene su "casa vikinga".

No parece difícil que el licor café pueda triunfar en Dinamarca. Allí, como en el resto de los países escandinavos, el alcohol es la mejor disculpa para limar las distancias con las que sus habitantes marcan siempre la bienvenida a alguien nuevo. Sí, son, por muchísimas razones, diferentes. "Hasta que beben. Los borrachos son iguales en todos lados", bromea Diego Miranda, uno de los cuatro jóvenes emigrados que lidera la creación del primer centro gallego en el norte de Europa. Lo están estrenando. En la capital danesa, Copenhague. "La primera casa vikinga de Galicia", como apunta Diego, vicepresidente de la entidad, que confiesa que también cuando uno vive en la zona a la que habitualmente el resto del viejo continente mira con una admiración indisimulada por sus avances sociales se puede echar de menos el licor café "después de un pulpo y un churrasco". No son tópicos. "Es -dice- morriña".

El mismo sentimiento, la nostalgia por la tierra que queda atrás, que los miles de gallegos que protagonizaron los primeros flujos migratorios masivos, a finales del siglo XIX y en el arranque del XIX, intentaron consolar con el impulso a los centros en el exterior. Asociaciones obligadas por el corazón para construir lugares de encuentro que compensaran la ausencia y mantener las raíces. Por eso la mayoría se convirtieron con el paso del tiempo en templos del folclore, en el sentido más amplio del concepto, que permitieron la supervivencia de muchas tradiciones, costumbres y recetas en hijos y nietos y promocionar la cultura regional en medio mundo.

La de Copenhague lo deja claro hasta en el nombre. Es la Casa da Cultura Galega. De hecho, la idea de lanzarla nació, como ocurría en esos primeros centros, de una necesidad y la apuesta por dar a conocer lo que se hace aquí. El cine. Un festival de películas gallegas que solo podían organizar con el apoyo de una entidad jurídica, de una asociación. Los trámites en Dinamarca duraron poquísimo. "A los 10 minutos de hacer el registro por internet ya teníamos el número de identificación fiscal", cuenta Diego Miranda. La tramitación en Galicia fue otra cosa. Más "heavy". Tras la formalización de la asociación en Dinamarca y en la comunidad, ahora esperan de la Xunta el reconocimiento como "centro oficial".

Con Diego están en el proyecto Raquel Sertaje, la presidenta; Noela Torres, secretaria; y Tareixa Regueira, la tesorera. Los estatutos los redactaron el mismo día en el que firmaron el acta fundacional para mandarla a Galicia, "discutiendo punto por punto". Era todo nuevo para ellos y, además, descubrieron que había "muchísimas cosas que había que pensar y decidir en ese momento, sin esperar más". Número mínimo de reuniones, la asistencia mínima para llegar a acuerdos o, incluso, "cómo hacer una moción de censura". Diego se ríe. Fue un momento "surrealista". Cuatro amigos con un proyecto todavía en parto "que tenían que establecer cómo permitir a un socio acabar con la junta directiva en caso de desacuerdo". Para toda la tramitación contaron con el asesoramiento y la ayuda de la casa de la cultura catalana en Copenhague. Y en sus planes entra colaborar también con otras asociaciones de allí para el programa de actividades que están preparando.

El acto "piloto" fue este verano, antes de su nacimiento, con la celebración de un San Juan, y el evento del estreno será el magosto del próximo día 12. Piensan en ciclos de cine, de lectura, en clases de baile y música... Diego estuvo en varios grupos de Galicia y canta y toca la pandereta. Noela es cocinera, con lo que "el caldo y las empanadas están aseguradas". Porque además la hermana de Raquel garantiza el suministro y "colabora mucho" con el envío de vinos y todo tipo de productos gallegos. "Una parte importante del centro será, evidentemente, la gastronomía -señala Galán-. Comer y beber nos gusta a todos, sea aquí o en Galicia".

Aunque la relación de los daneses con la comida es... peculiar. Diego se fue por amor a Copenhague. En su búsqueda de trabajo -tardó seis meses en encontrar un empleo "increíble"- pasó antes por un curso para, precisamente, saber cómo hacerlo. Lo habitual es llevar la comida de casa. "Pero nada de ofrecerle a los demás. Es un error", explica. Sin embargo, para las tres de la tarde, "la hora sagrada de la tarta", hay que olvidarse de todo eso. "La tarta se pone en el centro porque es para compartir", afirma. Lo llamativo es que ahora la cultura del tapeo, que se basa en compartir, empiece a despuntar. Ahí hay otro enganche para que el centro que se gane a los daneses por el estómago. "Sin duda", admite Miranda.

¿Por qué todos estos esfuerzos? "Yo creo que la clave es estar tan lejos de casa. La distancia es relativa. Tengo un amigo en Toronto y comparado con eso, Copenhague está al lado de casa. Es más la distancia emocional -esgrime-. Dinamarca es muy diferente de lo que conocí hasta ahora. Lo tuyo y los tuyos están lejos y así podemos acercarnos y acercar también la cultura gallega aquí".

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