El viento también emigra... a Escocia

Iberdrola lidera la eclosión de la energía eólica en el país con una inversión de 2.000 millones en parques y una interconexión submarina, proyectos con presencia gallega

18.07.2016 | 16:33

Obras de construcción del parque eólico de Kilgallioch. //FDV

"El viento aquí es una pesadilla", confiesa uno de los jefe de obra de Scottish Power, la filial escocesa de Iberdrola, que supervisa en helicóptero los trabajos de electrificación y mallado de las líneas que permitirán sostener el espectacular crecimiento de las energías renovables en el país, especialmente la eólica. Las depresiones que se forman en el este del Atlántico son las culpables de que la temperatura media en esta época del año se mueva en lo que para nosotros podría ser habitual durante la primavera. "Llevo cinco años en Escocia -añade el joven ingeniero español- y solo conseguí mojar los pies en la playa una vez". Ese mismo viento, constante, regular, es también la razón de que esta nación del Reino Unido se haya convertido en un paraíso de la eólica en el mundo -a punto de cubrir el 100% del consumo de los hogares-, con Iberdrola como emblema de la apuesta por las tecnologías limpias que hoy, un día excepcional de sol radiante y 20 grados, salta a la vista desde el aire con el enorme despliegue de trabajos que tiene en marcha el gigante energético español en el área de South Ayrshire.

Como ocurre en España, con las interconexiones internacionales con Francia y Portugal y la nacional que llega a las Islas Baleares, el Reino Unido es realmente el equilibrio de tres sistemas eléctricos -Inglaterra y Gales, Escocia e Irlanda del Norte- unidos entre sí. Buena parte de la demanda se concentra en el sur, mientras que las condiciones más favorables para aprovechar el viento están en el norte. Los planes de desarrollo de las renovables nacieron casi a la vez que la privatización del sistema eléctrico británico, en el arranque de los años 90. Hasta entonces lo único en explotación eran las hidroeléctricas escocesas. El primer parque eólico se encendió en 1991 en el condado de Cornualles, pero su proliferación no llegó hasta una década después gracias a un sistema de primas para las instalaciones y las multas a aquellas distribuidoras que no compraran un mínimo de electricidad de origen verde. Así se logró que su participación en el mix de generación alcanzara el 12% en 2012, cuatro veces más que en 2002. En la actualidad ronda el 20% y el objetivo es saltar al 30% en 2030 para seguir adelante con su estrategia de descarbonización.

Escocia es un mundo aparte en la evolución de las renovables dentro del Reino Unido. Ya a estas alturas cubren el 75% de las necesidades de electricidad y la meta en su caso es el 100% en 2020. La potencia instalada en parques eólicos al cierre de este 2016 se situará próxima a los 2 gigavatios (GW), aunque sobre la mesa, en función de los proyectos de la propia Scottish Power y del resto de empresas que operan en el país, están ya las nuevas previsiones a medio plazo con un incremento de hasta 2,7 GW más en eólica en tierra y por encima de 1 GW en parques marinos. "Ahí se enmarca nuestro proyecto de renovación de líneas, pensando en la conexión de los parques y el refuerzo de la red. Las de Escocia son de las más viejas de Europa", cuenta Craig McDougall, responsable del área de Proyectos Principales de la filial de Iberdrola. La inversión necesaria para que la columna vertebral eléctrica del país sea capaz de aguantar la eclosión renovable y mantener la calidad en el transporte supera los 830 millones de euros.

En esa colmena energética alrededor del concejo de South Ayrshire, un área de 1.200 kilómetros al suroeste de Escocia, se encuentra "uno de los proyectos renovables más ambiciosos de la historia de Iberdrola". Tres parques eólicos en el entorno de la ciudad de Barrhill. El complejo de Arecleoch y el de Mark Hill echaron a andar en 2011, con 120 megavatios (MW) y 56 MW, respectivamente. A ellos se unirá el de Kilgallioch, con 239 MW. Su encendido será en 2017. Será, según la compañía, una de las zonas eólicas más importantes del mundo, capaz de asegurar el suministro para 250.000 hogares británicos. "Por lo que toda la población de esta comarca -continúan en Iberdrola- dispondrá de energía eléctrica procedente de fuentes renovables".

El proyecto acumula un presupuesto de 800 millones de euros, con una media de 250 trabajadores, incluido un nutrido grupo de ingenieros y operarios españoles. También gallegos. Directamente con Scottish Power o con el operativo en manos de Gamesa, encargada de las turbinas de los parques. Hay gallegos en los tres equipos de control de la empresa tecnóloga sobre los trabajos de Kilgallioch. "Sí -coinciden varios de ellos-, somos una colonia numerosa".

El parque de Kilgallioch, en obras. //FDV

Además de los 239 MW del parque Kilgallioch, la multinacional española tiene en marcha las obras para otros 235 MW en eólica que se irán poniendo en marcha en los próximos meses. Los números son de vértigo: 221 molinos y cerca de 800 millones de euros de inversión. No son trabajos precisamente fáciles. La tierra en la zona está cargada de turba. Suelos húmedos, poco estables, que obligan a un tratamiento previo del terreno para endurecerlo antes de colocar las bases de los aerogeneradores.

A eso se suman los largos trámites administrativos. "Los ocho parques eólicos en construcción tienen detrás 300 autorizaciones", explican en Scottish Power. ¿El tirón de las renovables choca con la sociedad? "No es un problema -aseguran-, la gente respalda la eólica porque la entienden". De hecho, una reciente encuesta en Escocia asegura que el 77% de la población la considera buena.

Para dar salida al evidente exceso de generación que se registrará en el país y garantizar también el suministro en momentos de poco viento con la electricidad producida en el sur -sobre todo carbón y nuclear-, Scottish Power y el operador del sistema eléctrico británico, National Grid, construyen una interconexión submarina desde el puerto escocés de Hunterston hacia Inglaterra y Gales. Una línea de 420 kilómetros, bidireccional, que es el segundo enlace eléctrico bajo el mar más largo del mundo y el primero de sus características, una potencia de 600 kilovoltios. El coste supera los 1.200 millones de euros y duplicará la electricidad que pueden intercambiarse entre el norte y el sur del Reino Unido.

Estación de conversión del cable submarino en Hunterston. //FDV

En el mar

"En el proyecto trabajan las compañías líderes europeas en este tipo de tecnologías", relatan sus responsables. A bordo de la embarcación Giulio Verne van unos 150 kilómetros del cable, de 20 centímetros de diámetro. Esa es la cantidad que se sube en cada travesía a Nápoles, donde se encuentra la fábrica. Muy cerca, otro barco, el Go Pegasus, abre la zanja submarina de entre uno y dos metros de profundidad por la que se asienta el circuito. Una vez que se tiran los 150 kilómetros de cada campaña, hay que volver a Nápoles a reponer cable y unir la siguiente tanda en alta mar con la misma precisión con la que se elabora para lograr un sellado perfecto. "Como se hace en fábrica, pero a mano, con papel impregnado en aceite para el revestimiento -detallan en Scottish Power-. Papel a papel". El desembolso necesario por cada jornada de trabajo, en la que se tira entre 2 y 4 kilómetros, da una idea de la dimensión del proyecto: 250.000 euros diarios. La vida útil del cable va hasta los 40 años.

En tierra, mientras, avanzan los trabajos para concluir una de las estaciones de origen y recepción del cable. La de Hunterston -la que se quedará Scottish Power una vez que funcione la interconexión, que también explotará en su parte escocesa- tendrá la subestación cubierta para evitar el deterioro de los equipos por la salitre. Su extensión equivale a la de 12 campos de fútbol.

El 'Giulio Verne' y el 'Go Pegasus', durante los trabajos para colocar el cable. //FDV

La alternativa y el Brexit

Escocia es en estos momentos la alternativa a países como España, con las renovables todavía en shock por los efectos de la reforma energética y pocas perspectivas de que el escenario cambie a corto plazo. La estela de Iberdrola allí y los numerosos profesionales españoles que emigraron con el sector para aprovechar los buenos vientos que corren son el ejemplo más evidente. Ahora queda saber las consecuencias prácticas que tendrá el Brexit. Iberdrola emplea en la zona a 6.700 personas y reúne cerca de 6.500 MW de potencia, además de 5,5 millones de clientes en electricidad y gas. "Continuaremos invirtiendo lo necesario", defendía Ignacio Sánchez Galán, su presidente, en unas declaraciones a la agencia EFE tras conocerse el resultado del referéndum. La paradoja de un país desunido que necesita cables que lo unan para seguir alumbrando las casas en un futuro incierto.




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