D. DOMÍNGUEZ - SANTIAGO
El BNG vive hoy el segundo asalto del pulso que las corrientes críticas a la UPG comenzaron a plantearle por el timón del nacionalismo hace tres años. En 2009 no cuajó un pacto entre Máis Galiza y los irmandiños, pero ahora sí, lo que ha polarizado la XIII Asamblea Nacional que se celebra hoy en Santiago.
Alternativa pola Unidade, abanderada por la UPG, y el pacto entre +G y EI cerraron ayer su campaña interna atribuyéndose la bandera de la renovación, tanto a nivel de cuadros como de línea ideológica y orgánica, para captar la atención de la militancia indecisa. El candidato a presidente de la Xunta de los primeros, Francisco Jorquera, negó que ApU sea un satélite de la U. "Somos gente de la UPG y gente que no tiene otra pertenencia política más que al BNG", subrayó en un acto con los diez primeros candidatos de su lista al Consello Nacional, a excepción de Rosana Pérez. De esos nueve, siete pertenecen a la U. Por su parte, Guillerme Vázquez, que aspira con ApU a mantener el cargo de portavoz nacional, insistió en que inyectan ideas nuevas. "Nosotros también somos la renovación", indicó sobre una candidatura "que no va contra nadie" y en la que defendió al líder de la UPG, Francisco Rodríguez, presente en el acto. "Nadie puede negarle su entrega absoluta por el nacionalismo", proclamó.
Desde el otro bando se simplificó la elección, pero restando dramatismo a la cita para poder seguir gestionando el Bloque a partir del lunes. "Nos jugamos que el BNG siga la vía del continuismo o que opte por un revulsivo que presenta el cambio", explicó Carlos Aymerich, cabeza de cartel a la Xunta por +G e irmandiños, antes de recordar que "el BNG va a seguir unido". Su compañero de lista y candidato a portavoz nacional, Xosé Manuel Beiras, resumió su mensaje en la necesidad de "regenerar el Bloque".
Los dos bandos, aunque también se presenta Movemento Galego ao Socialismo, son conscientes de que los 5.300 afiliados de los casi 8.000 con que cuenta el BNG presentes hoy en el recinto ferial de Amio tienen en sus manos dar un volantazo a la formación, pilotada desde su fundación en 1982 por la UPG, que supo gestionar su minoría mayoritaria para dirigir las operaciones del nacionalismo, primero con Beiras como rostro visible, luego con Anxo Quintana y, en esta última etapa, con Guillerme Vázquez.
El nivel de participación será determinante para conocer quién dirigirá la nave nacionalista a partir del lunes, pues es una incógnita cuántos de los 5.300 militantes que han solicitado su participación finalmente acudirán a la cita. Las expectativas son enormes entre el cuerpo social del Bloque, como muestra que se hayan inscrito en la cita 2.000 personas más que la media de otras asambleas.
La cita ha sido definida como la última oportunidad del BNG para evitar que sus costuras salten por los aires. El fantasma de las escisiones, sin embargo, ha sido exorcizado en los últimos días por los candidatos de Máis Galiza e irmandiños, aunque Beiras ha dejado en el aire su continuidad en caso de perder.
La militancia elegirá mañana primero una lista para dirigir el Consello Nacional y la executiva, aunque las llamadas a la integración no evitarán las tensiones internas el día después con una dirección estará repartida casi al 50%. Después se elegirá al candidato a la Presidencia de la Xunta. El BNG estrenará así una bicefalia inédita en su historia entre candidato y portavoz nacional.
Máis Galiza e irmandiños defienden una apertura ideológica del BNG, mientras ApU propone mantener la línea de los tres últimos años, afilando sus postulados.