JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS
El día en que Manuel Fraga comienza a gobernar realmente en Galicia ocurre dos años antes de ganar las elecciones autonómicas, las terceras desde que se había aprobado el Estatuto. Fue el 30 de octubre de 1986 cuando fracasa un golpe palatino que el vicepresidente de la Xunta, José Luis Barreiro Rivas, dirige contra el presidente, Xerardo Fernández Albor. Entre ambos se había llegado meses antes, en un restaurante de Madrid y en presencia del propio Fraga, a un acuerdo, habida cuenta de las diferencias: Albor sería presidente hasta 1989, en que la candidatura a la Xunta pasaría a José Luis Barreito, entendido que hasta entonces el poder real sería del vicepresidente y el papel del presidente casi ornamental.
Tiempo después de aquel acuerdo, Barreiro Rivas informó a sus colaboradores durante una reunión en su domicilio - varios de ellos conselleiros en la Xunta- de que el presidente mantenía una actitud que hacía imposible aplicar aquel pacto y esperar dos años ante la situación en el Parlamento gallego. Elaboraron entonces una estratregia de desgaste, consistente en síntesis en dificultar las propuestas que el propio Fernández Albor plantease hasta que la evidencia de su soledad le llevase por su propio peso a decidirse por la dimisión.
La noticia de esa estrategia la publicó FARO DE VIGO en exclusiva un día de Consello en el que Albor iba a proponer el nombramiento de Clemente González Peón como asesor jurídico de la Xunta a lo que se negarían los conselleiros. Aquella publicación fue el detonante de los acontecimientos que cambiaron la historia política reciente en Galicia.
Aquel día 30 de octubre de 1986. el presidente Albor compareció a la reunión del Consello, tras el desayuno, con el FARO DE VIGO en la mano, pidió explicaciones sobre lo publicado y, a continuación ofreció a Barreiro"olvidarlo todo" si el vicepresidente negaba la noticia en una rueda de prensa. Barreiro se negó y Albor apeló directamente por teléfono a Manuel Fraga, en aquel entonces presidente de AP y jefe de la oposición en el Congreso de los Diputados. En una conversación personal con el titular de la Xunta, éste le dió cuenta de lo que estaba ocurriendo en Santiago, y Fraga quiso hablar con Barreiro Rivas, a quien le exigió que detuviese cualquier acción, negase lo publicado y esperase a que el presidente nacional de AP volviese de Baviera y acudiese a Galicia para "arreglar las cosas".
Fue entonces cuando, como queda dicho, Manuel Fraga Iri barne comenzó a decidir aún más la efectiva gobernación de Galicia. Lo hizo aquel día cuando José Luis Barreiro respondió negativamente a su requerimiento -le dijo que "esto, don Manuel no lo puede arreglar usted: tengo que hacerlo yo, aquí y ahora"- y la réplica de don Manuel fue contundente: "pues sepa usted entonces", afirmó "que iré a Galicia, daré una carga de caballería y le enterraré a usted siete metros bajo tierra". Sic.
La reacción de Fraga Iribarne, que tomó el mando de las operaciones inmediatamente, se orientó a impedir la extensión fuera de la Xunta de la rebelión. Para la tarea contó con peones que jugaron un papel decisivo: Romay Beccaria en Madrid, Mariano Rajo Brey en el partido en Galicia, y Victor Vázquez Portomeñe quien, en el Grupo Parlamentario en Santiago, evitó otras fugas de diputados que habrían hecho imposible la situación para el gobierno de Xerardo Fernández Albor.
Tras evidenciarse la falta de apoyos, Barreiro y los demás conselleiros de AP, con la excepción de Díaz del Río y los pertenecientes a partidos coaligados -el PDP y el PL- presentaron la dimisión y dejaron a Albor solo. Pero el presidente con el apoyo directo de Manuel Fraga, remodeló la Xunta, en la que entró como vicepresidente Mariano Rajoy Brey, hasta entonces al frente de la Diputación provincial de Pontevedra, y logró salvar la situación.
Barreiro y los suyos abandonaron AP y el hasta entonces vicepresidente fundó la UDG, Unión Democrática Galega, con la que poco después desembarcó en Coalición Galega - el partido de centro galeguista fundado en Ourense bajo la inspiración de Gómez Franqueira con Victorino Núñez, que dos años después, y ya en Centristas de Galicia, se alió con Fraga y presidió el Parlamento autonómico-, desde donde elaboró, junto con socialistas galeguistas como Ceferino Díaz y González Laxe -y contra el criterio inicial de Alfonso Guerra- una estrategia que un año después culminaría en el pacto de Los Tilos -por el hotel donde se firmó-y la presentación de una moción de censura que destituyó a Albor, llevó a Laxe a la presidencia de la Xunta y devolvió a Barreiro la vicepresidencia-
Pero la "carga de caballería" que Manuel Fraga había anunciado no terminó con el fracaso de aquel intento contra Albor. Dos años después, tras el triunfo de la moción de censura -que quisieron frenar desde la Xunta mediante una denuncia penal contra Barreiro en vísperas del debate, relacionada con la concesión de licencias de juego y que a la larga acabó con su carrera política- Fraga decidió dejar los asuntos estatales en manos de José María Aznar para dedicarse integramente a Galicia como candidato a la Xunta en 1989. El puesto que había previsto para Barreiro.
A finales de 1989, Manuel Fraga Iribarne ganó las elecciones autonómicas gallegas con una mayoría absoluta muy justa: 38 escaños frente a los 37 de los demás partidos, incluyendo en ellos al PSOE, CG, PNG -una escisión de Coalición Galega- y los nacionalistas Y en esas elecciones se dió la circunstancia de que José Luis Barreiro Rivas, cabeza de lista de C G por la provincia de Pontevedra, no obtuvo escaño, que se llevó AP, por menos de un millar de votos: de haberlo conseguido, su Coalición Galega habría sumado, con los otros, las actas suficientes para cerrarle el paso a Fraga Iribarne a la mayoría absolura y, así, a la Presidencia de la Xunta, como antes le había ocurrido en sucesivas derrotas con el gobierno de España.
En un relato tan obligadamente apresurado como éste periodístico, es inevitable la omisión de datos que, por sí solos, constituyeron noticia o contribuyen a explicar otras que ahora son historia viva. Pero no se puede cerrar la síntesis sin recordar algo que constituyó una sorpresa notable, habida cuenta del perfil anterior de Manuel Fraga como político conservador y miembro de la ponencia constitucional: el candidato de AP a la Xunta de Galicia se proclamó regionalista, decidió acuñar un eslógan casi revolucionario para cierta derecha de entonces -"Galego coma tí"- y que marcó una época que ahora algunos creen ya en declive. esa derecha se volvió no sólo constitucionalista, que no toda lo había sido "de corazón" sino galeguista, aunque en sentido muy diferente al de otras formaciones.
La "carga de caballería" se consumó, pues, el día en que su autor, Manuel Fraga, alcanzó la Presidencia de la Xunta.