RAFA LÓPEZ - BAIONA
Las carantoñas y gestos de cariño hacia los niños fueron una constante en la visita, ayer, del príncipe Felipe a Baiona, con motivo de la entrega de premios del XXV Trofeo Príncipe de Asturias de vela. Tal vez la afectuosa actitud del heredero de la Corona hacia los pequeños grumetes que se acercaban a hacerse fotos con él tuvo que ver con una enorme fotografía que presidió el acto: en ella se veía a un joven príncipe de 17 años a bordo del "Aifos" –el nombre de la reina Sofía, al revés–, en la primera edición de estas regatas organizadas por el Monte Real Club de Yates de Baiona. Veintinco años han pasado desde aquella imagen al presente, y aquel guardiamarina adolescente que estudiaba en la Escuela Naval Militar de Marín es hoy el miembro más activo de la Casa Real, además de todo un padrazo. Como dijo uno de los presentes, el tiempo pasa para todos, incluso para los de sangre azul.
Aunque no navegó, el Príncipe tuvo la deferencia de acudir a la entrega de premios del trofeo que lleva su nombre, y que este año celebra sus bodas de plata. Buena parte del público que se congregó en el Monte Real lo hizo para ver a don Felipe. No era el caso de los ex tenistas Alberto Berasategui (finalista de Roland Garros en 1994) y Albert Costa (campeón de dicho torneo en 2002, y capitán español de la Copa Davis). Ambos estaban en Baiona como invitados de un equipo de regatas.
Durante la entrega de trofeos el príncipe Felipe tuvo gestos de cariño con los numerosos niños, familiares de las tripulaciones ganadoras, que subieron a fotografiarse con él. Al terminar el acto se volvió hacia la foto de 1985 en la que aparecía, y la comentó con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, el alcalde de Baiona, Jesús Vázquez Almuiña, y el presidente del Monte Real Club de Yates, Rafael Olmedo.
Acto seguido, y fuera de cualquier protocolo, bajó del palco para saludar a los asistentes. "¿Dónde están las infantas?", preguntaba un niño de corta edad mientras sostenía uno de los trofeos. Otro de los niños, todavía incrédulo por la cercanía de su alteza real, contaba que el Príncipe le había pellizcado la mejilla en señal de cariño.
Sin perder en ningún momento la sonrisa, don Felipe posó con numerosas tripulaciones, familias y personal del club de yates. Así pasó al menos una hora, después de que la seguridad de la Casa Real desalojase a los reporteros gráficos. El Príncipe de Asturias mantuvo animados apartes con personajes como el empresario José María Fonseca Moretón, el economista Víctor Moro, los representantes de la Escuela Naval Militar de Marín y el regatista Pedro Campos, gran amigo de su padre, el Rey.
Fue una visita inesperada bajo un sol de justicia que dejó una pequeña huella incluso en la camisa don Felipe de Borbón. Los príncipes también sudan.