REDACCIÓN - VIGO / OVIEDO
En su larga trayectoria se mezclan, casi siempre con éxito, reclamaciones multimillonarias, como la devolución por parte del ayuntamiento de Madrid de un palacio expropiado bajo la pretensión de darle un uso social. La acusación particular en un caso de violencia doméstica con asesinato en Rodeiro. O la batalla que él mismo inició, como víctima junto al ex vicepresidente económico del Real Madrid, Ignacio Silva, contra el empresario serbio Predag Jevremovic, por una estafa de casi 800.000 euros. Hoy Javier Guisasola Arnaiz está al frente de la defensa de los cinco ciudadanos belgas de origen marroquí que denunciaron una supuesta agresión de la policía española en uno de los pasos con Melilla y que acabó desatando la enésima crisis entre el Gobierno español y el marroquí. Aunque este abogado madrileño (1965), formado en Santiago de Compostela y afincado en A Coruña evite confirmarlo, todo apunta a que el propio reino alauí se encarga de honorarios que le permiten, entre otras cosas, viajar en jet privado.
Con la gran tensión vivida hasta hace unas horas en la frontera y la trifulca política que se levantó –incluso el Rey telefoneó al monarca Mohamed VI para mediar–, a Guisasola no le ha quedado otro remedio que vencer sus reticencias a la notoriedad. "Es un claro ejemplo de brutalidad policial", asegura. "Se trata de una agresión con un móvil xenófobo, racista, una violación de los derechos fundamentales –añade–. Para mí no se trata de un tema político, sino jurídico, y es para eso para lo que se me ha contratado. Y la cuestión es que han dado una paliza a unas personas y hay que exigir responsabilidades, se haya producido en Melilla o en cualquier otro sitio, sean los agresores policías o civiles".
Para poner la denuncia, el abogado salió de A Coruña a bordo de un Cessna de su compañía de aviones privados The Jet Society. Allí, en el aeropuerto de Nador, justo al lado de la frontera, fue recibido por "una autoridad" y escoltado a un Falcon oficial para viajar a Rabat y Casablanca. Lo que ocurrió, minuto a minuto, lo narraba ayer el periódico El Mundo. Pero sin un detalle de la nómina ni de quien la paga.
En sus despachos hay cuadros de Goya. Viste de forma impecable. Siempre con corbata. De marca. Colecciona armas, "con licencia y estricto control". Javier Guisasola asegura en la entrevista al diario que los casos ligados al narcotráfico representan sólo un 0,3% del trabajo de su despacho y que los aceptó porque no venían desde las mafias y creía en su inocencia. En septiembre se iniciará la tramitación del asunto de Melilla, a la vez que trabaja en la defensa de los multimillonarios españoles a los que persigue Hacienda por desviar sus fondos a Liechtenstein o la recalificación de terrenos para la ciudad financiera del Santander.