DANIEL DOMÍNGUEZ - SANTIAGO
Con apenas veinte meses de edad, sus padres llevaron a Enrique al servicio de pediatría del Hospital de Montecelo de Pontevedra. Era 1990 y el niño perdía fuerza progresivamente en las piernas. El diagnóstico fue erróneo y su estado empezó a empeorar paulatinamente hasta que acabó condenado a una silla de ruedas. Sus padres demandaron a los médicos y ahora el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) les ha dado la razón y obliga al Sergas a pagarles 150.000 euros de indemnización.
El joven, que ahora tiene 22 años y vive en la localidad pontevedresa de Cuntis, fue sometido a varias pruebas que llevó a los médicos a diagnosticarle una atrofia muscular espinal infantil, denominada enfermedad de Werding–Hoffmann nivel III, cuando en realidad sufría un tumor intramedular dorso–lumbar. Las pruebas fueron insuficientes. "Para un correcto diagnóstico no era suficiente la electromiografía, sino que también eran necesarios estudios neurodiológicos (TAC o RMN) y que el diagnóstico de tumor medular y dada la evolución del paciente hubiese descartado la atrofia muscular infantil", indica la sentencia. Trece años después, en 2003, le diagnosticaron su verdadera enfermedad.
El representante en Galicia del Defensor del Paciente, Cipriano Castreje, reconoce que la sentencia "no compensa el sufrimiento de estos años, pero puede servir para evitar que vuelvan a suceder casos como éste".
El Sergas deberá pagar 100.000 euros al joven y 50.000 más a sus padres por los daños morales y físicos ocasionados. La sentencia es firme y ya no cabe recurso alguno de la Administración, como interpuso el Sergas tras un primer fallo judicial.
Si bien la enfermedad del joven no tiene cura, las medidas paliativas tras un diagnóstico adecuado podría haber mejorado su calidad de vida e impedido que acabase en una silla de ruedas. "El error de diagnóstico duró 13 años durante los cuales la médula sufrió un proceso compresivo que la lesionó de forma irreversible", indica el juez aludiendo al perito médico que analizó el caso. Como consecuencia de la falta de tratamiento sufrió una lesión medular y una escoliosis que provoca que necesite ayuda en actividades básicas de su vida cotidiana, como levantarse o asearse.
El joven, que prefiere mantener el anonimato, sufre ahora las consecuencias del diagnóstico. Sus facultades intelectuales son plenas, pero las físicas no. Por ello, se ha visto obligado a abandonar sus planes para iniciar sus estudios universitarios de Económicas y Empresariales, tras obtener unas buenas notas en el bachillerato y aprobar la selectividad. Ahora necesita estar tumbado muchas horas y no puede asistir a las clases.
"Invertirá la indemnización en su formación aprovechando la era digital para poder empezar Empresariales y otra titulación", apunta Castreje.