X. A. TABOADA - SANTIAGO
A las restricciones presupuestarias para 2011, cifradas en 945 millones de euros, el presidente de la Xunta sumó ayer un nuevo factor que condicionará las cuentas públicas para los próximos años. Frente a la estimación inicial de que Galicia tendría que devolver a las arcas del Estado 2.000 millones de euros por anticipos mal calculados entregados en 2008 y 2009, Alberto Núñez Feijóo cifró ahora la deuda en 2.589 millones, que se tendrían que reembolsar entre los años 2011 y 2016, lo que supondría contar en 2011 con 119 millones menos en los presupuestos de la Xunta, con 517 cada año entre 2012 y 2015 y con algo más de 390 en 2016.
Ante esta perspectiva, Feijóo reclama al Gobierno que, dado que Galicia ha cumplido los objetivos de estabilidad presupuestaria, se le aplace el pago de los 2.600 millones hasta que la economía crezca más del 2% –para lo que no hay previsiones– y además se le permita fraccionar su abono en diez anualidades.
En su comparecencia en un pleno extraordinario del Parlamento para explicar la estrategia de la Xunta ante la crisis, el presidente buscó el aval del PSOE y del BNG para acudir a Madrid con un respaldo político unánime. "Ante la gravedad de la situación, solicito el acuerdo para acudir con una postura firme con la que dirigirnos al Gobierno central", demandó. Pero no encontró la complicidad de la oposición, quizás porque previamente cargó con dureza contra la gestión de Zapatero como el culpable de la actual situación económica por reconocer tardíamente la crisis y encima tomar decisiones equivocadas.
El secretario xeral del PSdeG, Manuel Vázquez, impuso unas condiciones leoninas. Para brindar su apoyo, el líder socialista exigió a cambio que Feijóo remodelara su gobierno ante su ineficacia para luchar contra la crisis, que se prestara a negociar los presupuestos del próximo año y que abriera una comisión de investigación sobre la adjudicación de obras por parte de la Consellería de Medio Ambiente.
"Lo que hemos constatado en quince meses es el fracaso de su modelo político y económico y que como mal pagador, le echa la culpa a todos. Déjese de excusas", fue la respuesta de Manuel Vázquez, quien no se mostró muy convencido de que se pueda aplazar el pago de la deuda de Galicia.
"Yo no le voy a pedir al PSdeG el cambio de su líder como usted me pide el cambio de gobierno", le replicó.
La propuesta de pacto de Feijóo encontró más apoyo en las filas nacionalistas, pero con reservas, pues su portavoz parlamentario, Carlos Aymerich, recordó que también el Bloque le arropó en la negociación de la financiación autonómica y se encontró con que la Xunta firmó el modelo "a escondidas".
En todo caso, sí le indicó que podía contar con el Bloque, pero le preguntó si sería capaz de convencer a Mariano Rajoy para que el PP apoyara en el Congreso el aplazamiento de la devolución de los anticipos en todas las comunidades autónomas. "Tiene nuestro apoyo, pero da igual, porque el problema es que tiene que llamar a Madrid y decírselo a Rajoy", declaró Aymerich, quien además le propuso que eliminara las diputaciones para ahorrar 300 millones de euros.
Ante la etapa de restricciones presupuestarias que se avecina, el presidente vaticinó un "dificilísimo panorama", pero aseguró que se blindarán los servicios públicos esenciales, que Galicia mantendrá el diferencia de crecimiento económico cinco décimas por encima de la media nacional o que para no constreñir la inversión pública, se aplazarán el pago de 2.500 millones en obras. La oposición no le creyó mucho y sostuvo que la austeridad de la Xunta afecta sólo al recorte de los servicios sociales.