Sólo en muy contadas ocasiones el Parlamento gallego mantiene su actividad en julio, un mes declarado inhábil. Así que fue una oportunidad para ver reunidos a todos los diputados y conselleiros en el Pazo do Hórreo y, también,para observar cómo llevan el verano.Abundaban las caras blancas, pero algunas destacaban por su bronceado, como las de Agustín Hernández, Jesús Vázquez, José Manuel Baltar o Beatriz Sestayo, aunque el moreno más intenso correspondía al titular de Industria, Javier Guerra.
Su color no pasó inadvertido para casi nadie,pero el fue secretario xeral del PSdeG-PSOE,Manuel Vázquez, el que se atrevió a soltarlo desde la tribuna de oradores, y no precisamente para felicitarlo, sino para censurarle, veldamente, que se dedicara a tomar el sol en lugar de trabajar para sacar a Galicia de la crisis. Estaba reclamando el líder socialista a Feijóo que cambiara al Gobierno ante su ineficacia para combatir la recesión económica cuando percibió que el conselleiro de Economía le dedicaba una sonrisa. Su respuesta fue inmediata.Le salió de lo más profundo."No se ría. Sólo hay que mirarle la cara para darse cuenta de lo que trabaja". Su ocurrencia provocó una sonora carcajada en las bancadas de la oposición mientras Javier Guerra se removía en su escaño, pero sin hacer un mal gesto ni lanzar una protesta.Aguantó estoicamente.
Pero hubo otras frases que no dejaron indiferente a nadie.Como cuando el presidente de la Xunta se refirió al Parlamento como el "ágora de la verdad del pueblo",que motivó cierta rechifla por parte de los diputados del PSOE y del BNG o cuando, también Feijóo, comparó al Bloque con la colilla de un cigarro arrojada al suelo."En cuanto no les fueron útiles, los tiraron como un pitillo",le dijo el titular de la Xunta en el contexto de que mientras formaban parte del bipartito, el Gobierno central y el PSOE tenían en cuenta sus reclamaciones, pero que ahora sus propuestas son descartadas, incluso las aprobadas,como elAVE el Cantábrico o la conexión entre A Coruña y Ferrol.