M. VÁZQUEZ - SANTIAGO
La amenaza de sanción y el temor a despertar el malestar de los vecinos no parecen ser motivos suficientes para disuadir a empresarios y hosteleros de incumplir la normativa horaria. Sólo el año pasado, la Xunta impuso una media de tres sanciones cada día contra establecimientos que se saltaron la hora de cierre que tienen fijada por ley.
Los locales de ocio nocturno (una categoría que abarca desde discotecas a salas de baile y pubs) están a la cabeza de este tipo de infracciones, tras varios años en guerra abierta con vecinos y ayuntamientos para intentar flexibilizar los horarios en los que pueden desarrollar su actividad. Pero también restaurantes, cafeterías y bares deben respetar unos límites de apertura a los que, sin embargo, no siempre se ajustan en la práctica.
El año pasado, la Consellería de Presidencia resolvió 1.012 expedientes sancionadores por incumplimiento horario. Es una cifra que se mantiene más o menos estable desde hace varios años (en 2007 las multas se elevaron hasta 1.300 y un año después, bajaron hasta 892) y que demuestra que son muchos los establecimientos de ocio y hostelería que intentan aprovechar al máximo el tirón de la noche.
La legislación autonómica que fija los horarios de apertura y cierre para toda Galicia obliga a restaurantes y bares a cerrar, como máximo, a las 2.30 horas. Las cafeterías pueden permanecer abiertas hasta media hora más tarde, los pubs hasta las 4.00 horas y el cierre de discotecas, salas de fiestas y salas de baile está fijado a las 5.30 horas. Los fines de semana (noches de jueves a domingo) y los festivos y vísperas de festivo estos horarios pueden ampliarse media hora más. La policía nacional y la local son las encargadas de velar por el cumplimiento de los horarios de apertura y cierre de este tipo de establecimientos y de atender todas las denuncias que se reciben por presuntas infracciones. Pero una vez que los agentes levantan acta, la responsabilidad de tramitar el expediente e imponer una sanción recae en manos de la Xunta.
El año pasado, Presidencia inició 1.873 expedientes a raíz de estas denuncias, de los cuales 1.012 se resolvieron con una multa y otros 861 aún estaban en tramitación al finalizar el año. En los casos más graves, sobre todo cuando hay reiteración, el expediente sancionador va acompañado de la suspensión de la licencia de actividad, una medida que se aplicó el año pasado a 31 locales, 3 de ellos de la provincia de A Pontevedra, 15 de Ourense y 13 de A Coruña.
Ourense es, con diferencia, la provincia que concentra el mayor número de sanciones por no respetar los horarios. De hecho, el año pasado casi la mitad de los expedientes resueltos por la Xunta (421) recayeron sobre locales de esta provincia. A Coruña, que hasta 2008 lideraba el ranking gallego de infracciones, ocupa ahora el segundo lugar, con 239 multas entre las que se incluyen por primera vez los datos de la ciudad herculina (sólo 5 expedientes), el único Concello que hasta el año pasado ejercía por su cuenta las competencias sancionadoras para perseguir este tipo de infracciones. En Lugo la Xunta impuso 181 multas y finalmente en Pontevedra, otras 171.
Por municipios
En cuanto al reparto municipal, las localidades en las que se detectan más infracciones horarias varía cada año, un dato que desde Presidencia achacan a la mayor o menor presión que ejerzan las policías locales, lo que se traduce a su vez en el número de expedientes que le llegan. En 2009, los municipios con más locales de hostelería multados fueron Ourense, Lugo, Xinzo y Vigo, bastante diferente al ranking de hace dos años liderado por Santiago, Lugo, Ordes y Baiona.
Las sanciones económicas que impone la Xunta por vulneración de horarios no siempre son suficientes para dirimir los conflictos que plantean este tipo de prácticas. En el verano de 2008 la Asociación de Hostelería Nocturna de Compostela denunció ante las autoridades gallegas de defensa de la competencia una práctica muy extendida entre los hoteles de la capital y su comarca: albergar bodas y demás celebraciones multitudinarias acompañando la comida de música, baile e incluso actuaciones en vivo hasta altas horas de la mañana.