PAULA PÉREZ - SANTIAGO
Uno de cada cuatro alumnos que inicia sus estudios en el sistema universitario gallego no los termina. El gasto por estudiante va a parar a saco roto si no trae como resultado un nuevo licenciado. La tasa de abandono cuesta cada año más de 31,6 millones de euros, una cantidad que equivale a uno de cada diez euros aportados por la Xunta para la financiación de las universidades. A esto habría que añadir el coste que supone que sólo el 30 por ciento de los universitarios acaben su carrera en plazo. El resto tarda una media de seis años en finalizar sus estudios, dos más de los previstos.
Según los últimos datos disponibles sobre abandono universitario, unos 6.400 alumnos dejaron sus estudios superiores en el curso 2006-2007. Las universidades invirtieron una media de 4.900 euros en cada uno de ellos sin que este gasto quedase rentabilizado, ya que nunca llegaron a convertirse en titulados.
En Santiago la factura del abandono universitario ascendió a 16,9 millones, ya que los 3.304 alumnos que tiraron la toalla tuvieron un coste anual de 5.598 euros cada uno. En Vigo no se rentabilizó el gasto de 4.665 euros por alumno en los más de 1.000 estudiantes que dejaron a medias la carrera (5 millones a la basura) y en A Coruña se desperdiciaron en total 9,6 millones por culpa de la marcha prematura de 2.289 universitarios (que costaron 4.665 euros por cabeza).
En el ámbito nacional el gasto por abandono oscila entre los 2.500 y los 3.000 millones de euros, según un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada. Sus cálculos apuntan a que este despilfarro representa un 0,15 por ciento del PIB.
El problema es que las tasas de abandono universitario son demasiado elevadas, sobre todo si se comparan con el entorno de la UE. En el resto de los países europeos solo el 16% de los estudiantes dejan incompletas sus carreras. En España este porcentaje se eleva al 30% y en Galicia se sitúa en el 26%.
Para medir la tasa de abandono se contabiliza qué porcentaje de los alumnos inscritos en un curso no vuelve a matricularse en los dos años posteriores.
En el ranking elaborado por la Fundación Conocimiento y Desarrollo sobre tasas de abandono, las universidades gallegas no salen bien paradas. Solo Vigo, con un 23,6 por ciento, se mantiene en una posición intermedia ocupando el puesto 22 de entre las 42 universidades analizadas. Pero, por el contrario, Santiago de Compostela, con un 27,3 por ciento, y A Coruña, con un 27,9, se sitúan a la cola entre las instituciones académicas de España con mayor porcentaje de universitarios que no terminan sus estudios –ocupan el puesto 35 y 36 del ranking–.
La tasa de abandono es alta porque son también muchos los estudiantes que entran en la universidad. El acceso a una titulación universitaria es relativamente fácil. El único filtro son las pruebas de selectividad, que aprueban el 85 por ciento de los alumnos. Además ingresar en una facultad representa un gasto asumible para la mayoría de las familias, las tasas sólo suponen el 20%. del precio del curso, el resto lo costean las Administraciones. De hecho, Galicia se sitúa entre las comunidades con las tasas universitarias más bajas.
Sin embargo, una carrera universitaria no siempre es sinónimo de más oportunidades laborales. Durante muchos años los estudiantes optaron en masa por inscribirse en la universidad en detrimento de la FP, a pesar de que algunos ciclos formativos tienen un nivel muy alto de inserción laboral. Este desequilibrio, sin embargo, se ha ido corrigiendo en los últimos años.