CARMEN VILLAR - SANTIAGO
Aunque Pedro Zuazua, portavoz de la Fundación que gestiona el Centro Internacional Oscar Niemeyer, aclara que el complejo asturiano no aspira a competir con la Cidade da Cultura, Asturias llegará la primera en cumplir ese sueño de sus gobernantes de aspirar a convertir sus proyectos culturales en motores económicos de sus comunidades. Los dos centros, subraya Zuazua, "buscan regenerar un lugar a través de la cultura". En el caso de Avilés, el salto es, además, "brutal", ya que supone pasar de una ciudad industrial a la cultura, "sin pasar por la casilla de salida".
Y tan brutal, porque en diciembre de este año, cuando se inaugure el Niemeyer, sólo habrán pasado dos años y medio desde que se puso la primera piedra al complejo diseñado por el hombre que puso rostro a Brasilia. Ni Oscar Niemeyer, uno de los arquitectos más reconocidos del mundo, podía imaginar tanta premura cuando regaló su proyecto a la Fundación Príncipe de Asturias. La rapidez la atribuye Zuazua al "entendimiento" entre las administraciones local, autonómica y estatal, todas socialistas. El Gobierno español es uno de los patronos de la Fundación, algo que no ocurre en Galicia, donde aún se espera que aporte fondos.
Entretanto, la colina imaginada por el neoyorquino Peter Eisenman en el Gaiás, pese a los aplausos a su estética, tendrá que esperar. Contra ella juega el descontrol de su coste y también su magnitud: 150 mil metros cuadrados urbanizados, más del triple –aunque los edificios no ocuparán ni la mitad– que la que servirá a Avilés para situarse en el mapa cultural de España. El Centro Niemeyer funcionará con una torre, una plaza, un edificio de usos múltiples y un museo, todo ello con la ventaja de "la flexibilidad". Y los plazos se han cumplido porque la organización sostiene que ha estado "encima" de los constructores.
En la Cidade da Cultura, los seis inmuebles están pensados sólo para una cosa. Y mientras dos de los edificios siguen adormecidos en los planos diseñados por Eisenman Architects, la Fundación del Centro Niemeyer, aunque abrirá sus puertas a los visitantes este verano, se ha ocupado ya de publicitar su nombre. Incluso cuenta con una línea de programación que aprovecha diferentes espacios de la ciudad asturiana. "Nuestra idea era que la fundación ya tuviera actividad, para ir enseñando la patita de lo que íbamos haciendo", dice Zuazua. Entre estas "pequeñas píldoras", estuvo el estreno en primicia mundial de "El sueño de Casandra", de Allen, la conmemoración de los 20 años de "El alquimista" de Coelho, la visita de Brad Pitt y su confesión de estar enamorado de las "curvas" del centro o la presentación por Omar Sharif de un ciclo de sus películas. La exposición sobre la obra de Coelho, que ya han vendido a otros centros, es un ejemplo de la "autosostenibilidad" a la que aspiran los asturianos, fruto de la producción de sus propios contenidos.
De hecho, el director del Centro, Natalio Grueso, que ya ocupó una alta responsabilidad en la Fundación Príncipe de Asturias, ha logrado que Woody Allen, Stephen Hawking, Brad Pitt, Kevin Spacey, Paulo Coelho y Vinton Cerf –uno de los padres de internet–, formen parte de su consejo asesor. "Es que Grueso es un fuera de serie que dio con la clave: ofrecerle a la gente lo que siempre quisieron hacer. Por eso Pitt hablará de arquitectura", asevera Zuazua. En esos nombres reside una de los secretos para conectar con el público, pero no es sólo eso: "La clave es encontrar contenidos que atraigan al mayor número de personas posible porque en el Niemeyer caben todas las artes", resalta.
Habrá que ver cuáles caben en el Gaiás. Mientras, Zuazua es modesto: "No importa llegar antes o después si eres bueno. Nosotros vamos corriendo con la lengua fuera porque somos cuatro para todo. Estamos haciendo mucho ruido ahora, pero el día de mañana hay que ser conscientes de que programar 365 días va a ser complicado". En ese futuro, los asturianos ven la Cidade da Cultura como complemento. "Hay que ser listos y no contraprogramarse. Nuestra idea no es quitarle el pastel a nadie". ¿Por qué no vender un paquete cultural con un recorrido por los centros del Norte de España? ¿Por qué no colaborar?, sugiere. De momento, el Gaiás no debe preocuparles, porque que, cómo dice, ya han tenido mucha gente de Galicia. "Estando tan cerca... Cuando se acabe la autopista estaremos a dos hora y media de la Coruña". ¿También funcionará al revés?