R. GARRIDO - VIGO
"En la primera reunión, nada; en la segunda, nada de nada; y en la tercera, nada de nada de nada". De forma tan gráfica se refería una fuente conocedora a los resultados de los contactos que desde hace diez días vienen manteniendo representantes de Caixanova y Caixa Galicia en busca de un posible "proyecto común". Porque ni en la forma de definir la clase de acuerdo que se busca ha habido un mínimo progreso. Proyecto común, una expresión tan ambigua y vaporosa, que lleva camino de quedarse en una quimera manoseada. "Avances cero", sintetiza otra persona que sabe de la marcha de unas reuniones que se pusieron en marcha después de que el 6 de abril el consejo de administración de la caja viguesa diese su visto bueno.
Pese a que el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, intenta mantener viva la llama de la esperanza de una pronta fusión con declaraciones que parecen más destinadas a mantener alta la moral de su tropa, lo cierto es que el escepticismo, cuando no el derrotismo, ha empezado a calar entre las delegaciones que representan a las dos entidades de ahorro. Ni José Luis Pego, director general de Caixanova, ni Javier García de Paredes, director general adjunto de Caixa Galicia, han conseguido un mínimo acercamiento en sus posturas. Y no parece que la situación vaya a cambiar en un futuro.
"Ellos quieren hablar en igualdad de condiciones y no puede ser. Caixanova está atendiendo un encargo del Banco de España: pilotar un acuerdo para integrar a Caixa Galicia. Por eso lo lógico es que el planteamiento inicial sea de Caixanova y que ellos entonces introduzcan sus matizaciones u objeciones. Pero lo que no tiene sentido es que en la mesa haya dos delegaciones con dos planteamientos diferentes e incompatibles. Esto está abocado al fracaso", explican fuentes próximas a la entidad viguesa.
Y es que la cordialidad que está presidiendo los encuentros difícilmente puede ocultar las abismales discrepancias entre los interlocutores.
Son muchos los factores que explican el fracaso, al menos hasta ahora, de los contactos. Factores psicológicos, sociales, políticos, económicos y hasta jurídicos. Uno de los elementos clave que arrojan luz sobre el fiasco es que estos contactos de cajas no son queridos ni voluntarios. Caixanova rechazó desde el primer momento la invitación de Feijóo a negociar nada con su homóloga coruñesa. Sólo ha accedido a ello tras la petición expresa del gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y bajo unas premisas muy diferentes: la caja viguesa lideraría el proceso.
Sin embargo, como ocurre con toda obligación, aunque sólo sea moral, la desconfianza y el escepticismo no se han disipado. Y desde A Coruña todavía no han digerido, y difícilmente lo hagan, que la entidad pequeña asuma el control sobre la grande. Desde A Coruña se cree que aceptar una relación entre iguales, con porcentajes al 50% de representación y sacrificios, ya es una prueba de generosidad por su parte dado el tamaño desigual de las entidades. Además la presión política y mediática que se ejerce desde la ciudad coruñesa para exigir "una fusión equilibrada", sin aclarar en qué consiste, es un elemento condicionante.
Con estos ingredientes, sin siquiera valorar los números reales de las cajas, entre los que también hay distancias siderales en función de que documento se aporte; o plantear quién, cómo y dónde se ejercerá "la gobernanza" de la caja única, es misión casi imposible que en los próximos días se pueda apreciar no ya una fumata blanca, sino un mínimo indicio de progreso.
En este contexto de desacuerdo absoluto, la cuestión es para qué seguir hablando y hasta cuándo. "Esa pregunta se la hacen ellos mismos cada día después de salir de la reunión. Pero llegará un día en que alguien diga: se acabó", vaticinan.