C. VILLAR - SANTIAGO
Si quiere usted ser un gallego, en el sentido más “perfectísimo” de la palabra y no en el peyorativo, a pesar de que en los últimos tiempos está tan de moda, existe un decálogo que tendrá que seguir a rajatabla. Entre los nuevos mandamientos, de cuyo incumplimiento deberá confesarse ante la frikipedia, figuran el de “responderás a una pregunta con otra pregunta” y “emigrarás quejándote de cómo está tu tierra y sentirás morriña una vez que estés fuera”.
De tópicos y estereotipos como los anteriores, y una gran dosis de sentido del humor –que es el único requisito para participar en la parodia en español de la wikipedia– está conformado el artículo sobre Galicia de la frikipedia, que se complementa, con aproximaciones igual de satíricas, con el de la “Guía Frikipedista del Perfecto Gallego” y los artículos referidos a las siete grandes ciudades gallegas. Los autores o autoras de las definiciones conocen bien su comunidad y dan fe de que el rasgo de la “retranca”, extendido entre el paisanaje como marca de la casa, se ha contagiado también a internet. Precisamente en una hipérbole a la hora de aplicar esa capacidad para la ironía, el autor de la “Guía” del “perfecto gallego” hace hincapié en los “prototipos” de gallego que “nunca” se deben seguir. Aunque sólo contraargumenta el de que “hablan cantando”: “Los gallegos son gente seria: o cantan o hablan, nunca las dos cosas a la vez”. Eso de que los gallegos son unos indecisos lo deja en el aire: “Puede que sí o puede que no”. Y tampoco son supersticiosos, afirma, pero haberlas haylas.
El castrapo manda
Ni A Mesa pola Normalización Lingüística ni “Galicia Bilingüe” deberían preocuparse, a tenor de la frikipedia, por la existencia de conflictos lingüísticos. Un aplastante 90% de la población se decanta por una fusión “enxebre” de los dos idiomas, lo que se conoce en la calle como “castrapo” o, tal y como le llaman en el artículo de la paródica web, “gallego moderno”. Didácticamente, el autor del artículo incorpora una frase de ejemplo: “O tapartas ou voute fostiar, lanjrán!”, de la que omite la traducción. Las otras lenguas en competencia, gallego, castellano, coruñés o coruño, chapurrao o “lingua conselleira”, “xunteiro”, portuxés y vigués, no logran hacerle sombra al dialecto dominante. Para poner fin a la ignorancia de los que aún ignoran el castrapo, el artículo incluye un cursillo acelerado para poder camuflarse en el medio.
Tras explicar la geografía del imperio, que abarca cualquier lugar donde “Amancio Ortega ha colocado un Zara”, y su particular historia, determinada por Manuel Fraga, el autor repasa la fauna del país de los ríos –nada de mil, sólo “varios” y con “agua sucia”–: el koala, la tortuga, el cangrejo americano y el Tarugo, ésta última una especie “que suele reproducirse únicamente en la Alcaldía”.
En el apartado dedicado a la cultura, sobran los artistas. Las páginas están protagonizadas por la gastronomía gallega –“muy elaborada” por ser todo “cocido”–, el alcohol –incluida la “prohibición terminante” de hacer una queimada sin un gallego puro con al menos “siete generaciones de ascendencia de gallegos puros”–, las fiestas típicas –en las que imperan los verbos “comer” y beber–, la arquitectura –en la que se distinguen las corrientes del feísmo tradicional y el “postmodernista”– y los deportes típicos. En estos últimos, el autor destaca: “votar al PP”, “prenderle fuego al monte”, “recoger chapapote”, “cocer cosas” o “responder siempre a las preguntas que se les hacen otra pregunta”. En todo caso, el deporte más popular “consiste en ir de casa en casa ofreciendo servicios sexuales a hombres de mediana edad” a los que se le da un potente somnífero con la bebida y se les desvalija la casa. No en vano, José Tojeiro es uno de los que logra situarse en el listado de gallegos “famosos”, junto a Cañita Brava, Gayoso –“O de Luar”– o Santiago Pemán.