DANIEL DOMÍNGUEZ - SANTIAGO
La resaca del adiós de Touriño durará más de un día. El partido le daba vueltas ayer todavía a una despedida convertida en desplante a la dirección actual, en opinión de muchos, y “dislate”, para otros, de que en un primer momento nadie aplaudiese al que hasta hace un año alababan como “o noso presidente”, un silencio que luego intentaron ‘remendar’ con unas palabras del portavoz parlamentario Xaquín Fernández Leiceaga.
Los gestos resultan ilustrativos en política. Touriño comunicó su decisión a la presidenta de la Cámara, del PP, antes que a sus propios compañeros, evidenciando su aislamiento interno. “Hizo una escenificación para alimentar su victimismo”, considera un diputado socialista. “Eligió cómo quiso irse y lo gestionó de forma completamente personal”, indica otro.
En el partido “escuece” que no hubiese comunicado su decisión porque así podrían haber realizado algún acto de reconocimiento. Pese a ello, varios socialistas se lamentaban ayer por la imagen pública de asistir sin mover un dedo a los aplausos de populares y nacionalistas.
Más leña añadió a esta hoguera interna la decisión del titular de la Xunta. Alberto Núñez Feijóo arrancó su intervención tras el Consello de su gobierno alabando a Touriño. “No hay ni puede haber diferencias partidarias que impidan alabar su trayectoria”.
Rego abre una brecha
Son pocos los que quieren dar la cara un día después del abandono del hombre que aglutinó al partido y derrotó a Manuel Fraga. Su hombre de confianza, Ismael Rego, reitera las declaraciones a este diario que han generado un gran malestar no solo en el seno del grupo, sino también en la dirección, a la que acusa de filtrar a la prensa que el ex presidente sobraba y estaba retrasando la decisión de retirarse. “Lo que pasó define perfectamente el saber estar de cada quien. Fue muy ilustrativo”, dice un día después de haber espetado que la salida de Touriño constituía “el triunfo de la mediocridad”.
Sus palabras han levantado ampollas. Trata de aliviarlas la portavoz Mar Barcón, que cree que “no es justo con la dirección ni con los compañeros”. Bajo el anonimato otros son más duros y critican la hoguera que ha prendido en un momento delicado para los socialistas, que tratan de recomponer un partido al que Touriño no prestó suficiente atención durante su mandato. Ahora, el triunvirato de fieles, con Rego, Pablo López Vidal y María José Caride, se enfrenta al reto de encajar con la dirección de Vázquez. El primero deja claro que acatará la disciplina pese a las discrepancias. “Hay que hacer esfuerzos a veces”, dice. Fuentes del entorno de Vázquez espetan: “Tiene dos caminos: reconocer que es también mediocre o irse”.