X. A. TABOADA - SANTIAGO
Con 20 años se convirtió en el concejal más joven de Holanda. Bajo su gestión quedaba el diseño y mantenimiento de las infraestructuras y las instalaciones deportivas de una ciudad de 145.000 habitantes, Amersfoort, en el centro de Holanda. Un área de gobierno complicada para un novato de la política que en 2006 abandonó la actividad pública para, ahora, volver a presentarse como candidato a concejal por el PvdA, el Partido Socialista de Holanda. Lo insólito del caso es que se trata de un gallego de Carballo (A Coruña), Ramón Smits Álvarez, que hace carrera política en el país de los tulipanes.
Hijo de padre holandés y una emigrante gallega, Ramón Smits, tiene doble nacionalidad y aunque su vida está anclada en Amersfoort, no hay año que pierda una visita a Carballo, localidad a la que acude un mes en verano y otros quince días en diciembre. Habla gallego perfectamente, mejor que el castellano, y todos los días le dedica media hora a leer los periódicos por internet para seguir puntualmente lo que sucede en la comunidad autónoma. A sus 31 años se ha convertido en un referente internacional para las Xuventudes Socialistas.
En las elecciones municipales de 1998 se quedó a un palmo de entrar en el Ayuntamiento, pero al año siguiente se produjo una baja y se le abrieron las puertas de la corporación municipal. Eso lo convirtió en el concejal más joven de toda Holanda. Ya en los siguientes comicios, en 2002, entró por derecho propio y se hizo cargo del departamento de Infraestructuras y Deporte con el mérito de las que elecciones en Holanda son de listas abiertas y los electores marcan directamente al representante que quieren, no al partido.
Mientras en Galicia la concejalía de Urbanismo es siempre la más apetecible para un concejal, por el poder que eso supone, en Holanda no sucede lo mismo. "Mucha gente no quiere el cargo porque llevas muchos palos. Haces una cosa y sólo encuentras críticas. La gente te dice que lo has hecho muy mal, pero luego, con los años, cambian de opinión y te felicitan", asegura.
Trabaja en un banco de fondos de inversión como asesor jurídico, –"con negocios en el Caribe", precisa–, pero no encuentra en ello elementos de contradicción con su militancia en el Partido Socialista. "Quiero hacer cosas para que la ciudad vaya adelante, que mejore en lo colectivo, y dando a los jóvenes mas oportunidades. Pretendo hacer por la juventud lo que a mí las generaciones anteriores no me dieron", argumenta.
Ocupó la concejalía de Infraestructuras durante cuatro año, entre 2002 y 2006. ¿Su proyecto más satisfactorio? Transporte gratuito en autobús para los mayores de 65 años. "Me da la sensación de que hice algo bueno", destaca. "Esto es perfectamente exportable a Galicia", añade acto seguido. Y se explica: "Pienso en la gente mayor de todos esos pueblos y veo en el transporte gratuito un oportunidad maravillosa para que salgan de sus casas y se encuentren con sus viejos amigos en los mercados y ferias. Una forma de retomar la vida social".
A sus logros también suma el habilitar en Amersfoort un carril para bicicletas de 10 kilómetros de longitud que atraviesa la ciudad de norte a sur. "Asfaltar carreteras o arreglar farolas está bien, pero eso no da satisfacción, no mejora las condiciones para el futuro", comenta con cierto tono de autocrítica.
En las elecciones de 2006 no se presentó. Decidió explorar otras vías personales y profesionales, pero el gusanillo de la política le llamó de nuevo y ahora se vuelve a presentar como candidato a concejal en los comicios del próximo 3 de marzo. Dice que tiene las mismas ganas que con 17 años, cuando comenzó su andadura en el PvdA. Quizás son estas ganas las que llevan a dar un discurso sobre el futuro de Galicia según su visión. "Tal como está esa región en la periferia, lo que debe hacer el Gobierno, sea del color que sea, es apostar por una o dos cosas en las que Galicia pueda destacar y convertirse en un referente. Nadie va a vivir de la agricultura dentro de 50 años. Así que esa apuesta hay que iniciarla ahora. Yo veo a Galicia como un gigante dormido", sentencia. Y ya puestos, este político gallego suelta su propuesta. Convertir los puertos gallegos en la punta de enlace de Europa con América para aprovecharse de todo el tráfico marítimo. "Galicia es la última porción de tierra entre los dos continentes. Está en le mejor situación y le veo muchas posibilidades", vaticina Ramón Smits, en conversación telefónica desde Amersfoort.