SELINA OTERO - VIGO
"Es posible que vuelva a estudiar; voy a planteármelo". "Sé que no puedo estar así siempre, de viva la vida, pero en estos momentos las cosas no pintan nada bien; no hay trabajo". Con escasa experiencia laboral y un currículum poco poblado, la crisis y el desempleo se ceba con un colectivo de jóvenes que, ansiosos por disponer de su propio dinero lo antes posible, abandonaron las aulas quizás demasiado pronto. Crecieron en la sociedad del bienestar, reconocen "tener de todo" y el carpe diem les ha servido de guía espiritual, sin ser conscientes de ello en muchas ocasiones.
Con sólo 20 años, a modo de crisis existencial prematura, desconocen hacia donde caminan y tienen dificultades para imaginar un futuro donde plasmar aquello que les haría sentirse realizados. Quizás porque los conceptos de felicidad, esfuerzo, compromiso y bienestar se confunden, como herencia de una sociedad en la que la adolescencia se alarga cada vez más, la sobreprotección parental se incrementa, la permisividad y la flexibilidad cruzan a veces la frontera del respeto y de la superación personal y el materialismo ha logrado rango de status social. En Galicia hay 251.000 jóvenes de entre 16 y 24 años. Según los datos del último trimestre de 2009 de la Encuesta de Población Activa (EPA) y del Instituto Galego de Estatística (IGE), el 27,7% ya están trabajando, la mayoría en el sector Servicios e Industria, y el 54,8% (137.400) continúan su formación en Educación Superior (alrededor de 72.000 en Bachillerato y Módulos de FP y 65.000 en la Universidad, teniendo en cuenta la franja de edad). Siguen estudiando más mujeres que hombres (73.000 frente a 64.400) y han optado por lanzarse al mercado laboral más hombres que mujeres (40.400 frente a 29.200).
Los 44.200 jóvenes restantes (un 17,5%) del total ni estudian ni trabajan (32.000 constan como parados en las listas del INEM; los otros 12.200, no). Viven con sus padres y les gustaría independizarse, aunque sin renunciar a sus aficiones. Están tecnológicamente equipados, integrados en redes sociales tanto en el mundo virtual como en el real, pasando gran parte de su tiempo de ocio en pandilla, y son perspicaces "para buscarse la vida" en lo que realmente les motiva. Los han bautizado como la generación ni-ni, aunque del pasotismo absoluto y la ausencia de valores a la perfección, la autoexigencia, la madurez y la responsabilidad existe una inmensa gama de grises.
El colchón familiar
"Generalizar no es bueno en ningún ámbito. En medio de este fenómeno social relacionado con el cambio de valores y la desaparición total o parcial de la cultura del esfuerzo, nos encontramos jóvenes con voluntad, dispuestos a trabajar en lo que sea para salir adelante y, por otro lado, existe un colectivo más acomodado que evita agarrarse a cualquier puesto, mirando mucho el sueldo y los horarios, por ejemplo. Creen que por ese dinero y con esos horarios no les compensa y cuentan con el colchón familiar, claro", explican expertos en psicología clínica.
La Psicología trata de buscar en el pasado las causas de la transformación que han sufrido los jóvenes en los últimos años y que "siguen experimentando", una actitud que también se percibe en las aulas y en los propios hogares.
"Existe una sobreprotección por parte de los padres que antes no existía. Hace años, el que no quería estudiar no tenía problemas para trabajar. Hoy existen más exigencias, como el nivel de estudios, la experiencia y la formación continua. Hoy, el que optó por la vía fácil para ponerse a trabajar pronto en cualquier cosa, buscando el éxito para comprarse un coche, por ejemplo, ya empieza a notar las consecuencias", sostiene el psicólogo Alejandro Torres, quien explica que se ha pasado de la cultura del esfuerzo a la cultura del anuncio: "lo quieres, lo tienes". "El esfuerzo, la disciplina y la voluntad son valores que han perdido prestigio. La juventud se siente protegida, tanto por la familia como por el Estado", mantiene Torres. Según el psicólogo Luciano Montero, que acaba de publicar un libro sobre "la motivación y la pereza en los hijos", considera que "parte de los jóvenes" han recibido una educación "blanda y protectora en exceso" y se le ha dado "más importancia a sus derechos que a sus deberes". Para Montero, "la motivación es el antídoto de la pereza y el motor de la conducta", además de estar "estrechamente vinculada con el rendimiento académico".
¿Desorientación, confusión, desmotivación? ¿Cómo se explica que la crisis existencial típica de los 40 se adelante a los 20?