M. VÁZQUEZ - SANTIAGO
La crisis demográfica continúa sembrando de abandono el medio rural gallego. La escasez de nacimientos unida a una población cada vez más envejecida condenan a la desaparición a cientos de pequeños núcleos diseminados por todo el territorio, un fenómeno que lejos de ralentizarse ha ido en aumento. A principios de 2009, la cifra de núcleos deshabitados en Galicia ascendía ya a 1.337, muy lejos de los 1.076 que tenía en 2002 y 76 más de los que se contabilizaban un año antes. Lo más preocupante es que cientos de poblaciones repartidas por toda la comunidad están a un solo paso de engrosar esa lista ya que su supervivencia depende de un número muy reducido de vecinos.
Ninguna comarca gallega se salva del abandono y los pueblos fantasma se multiplican cada vez con mayor rapidez. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, durante 2008 la comunidad perdió otros 76 núcleos de población y de los 315 ayuntamientos que hay en Galicia sólo 110 todavía no tienen ni una sola aldea abandonada.
El ritmo al que se vacían los pueblos se ha triplicado con respecto a principios de siglo, cuando se perdían menos de 30 aldeas cada ejercicio. Y el golpe se ha notado sobre todo en A Coruña y Lugo, las más castigadas por este imparable abandono. Casi el 90% de las aldeas que se quedaron sin ningún vecino a lo largo de 2008 pertenecían a municipios de estas dos provincias que, de hecho, concentran también ocho de cada diez núcleos deshabitados de la comunidad.
En Lugo son 565 los pueblos que se han quedado completamente vacíos, un fenómeno tan extendido por esta provincia que sólo restan seis ayuntamientos –Burela, Meira, Pedrafita do Cebreiro, Rábade, Riotorto y Triacastela– que tienen habitadas todas sus poblaciones.
Ortigueira y As Pontes
El segundo lugar del ranking gallego lo ocupa A Coruña, que, pese a ser la provincia más poblada de Galicia, ha visto desaparecer poco a poco 533 núcleos de población repartidos por 70 de sus 93 concellos. Es en A Coruña, precisamente, donde están los dos municipios más castigados por el abandono de toda la comunidad: Ortigueira, con 95 pueblos fantasma –tres más que el año anterior– y As Pontes, con 74. Son, pese a todo, dos casos excepcionales ya que la mayoría de estos municipios (169) tienen menos de diez aldeas abandonadas y 50 de ellos, sólo una.
A pesar de que la mayor parte de los núcleos deshabitados se concentran en estas dos provincias, el fenómeno se ha extendido al resto de la comunidad. Incluso Pontevedra, con la excepción de algunos ayuntamientos de la costa, ha sucumbido poco a poco a un abandono que logró esquivar durante décadas gracias a la población que absorbía del interior. Tras siete años durante los que el número de aldeas abandonadas se mantuvo estable e incluso se logró la recuperación de algún núcleo que había quedado deshabitado en O Grove o Baiona, 2008 marcó un punto de inflexión en Pontevedra, que en un año perdió de golpe 7 pueblos.
En Ourense, pese al carácter eminentemente rural de gran parte de la provincia, el grado de abandono es menor. Con 112 núcleos vacíos, la cifra más baja de Galicia, la despoblación está en este caso concreto mucho más concentrada ya que las aldeas deshabitadas se reparten entre 42 de sus 93 ayuntamientos. De hecho, es en el sur y en la franja más oriental de esta provincia donde están localizados prácticamente la mitad de los concellos gallegos que, de momento, permanecen inmunes al fenómeno del abandono.
No obstante y a pesar de que la despoblación en Galicia afecta incluso a las ciudades –Ferrol es la única urbe gallega que no ha perdido ningún núcleo por el abandono– lo cierto es que son los municipios de la franja atlántica los que han demostrado un plus de resistencia a lo largo de los últimos años. Las Rías Baixas o municipios como Ponteceso, Vimianzo o Cee permanecen a salvo gracias a la población que emigró durante años del rural en busca de mejores oportunidades laborales y económicas.