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Cara a cara

¿Qué va a significar la TDT?

Ignacio Otero López, Subdirector xeral de Telecomunicacións; Ramón Domínguez Rego, Pte. de la Asociación de Empresas de Audiovisual; y Miguel López Crespo, Secretario general de la Unión de Consumidores

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De izquierda a derecha, Ignacio Otero López, Ramón Domínguez Rego y Miguel López Crespo. //  Xoán Álvarez
De izquierda a derecha, Ignacio Otero López, Ramón Domínguez Rego y Miguel López Crespo. // Xoán Álvarez 

El apagón analógico que se inició el pasado lunes en las provincias de Ourense y Lugo, y que se irá extendiendo por toda Galicia, significa al decir de los expertos una auténtica revolución tecnológica que abre paso a la TDT, la televisión digital terrestre y un cambio sustancial en lo que a telecomunucaciones se refiere. A la vez, implica una serie de adaptaciones, instalaciones o reinstalaciones que suponen gastos para muchos usuarios y molestias para bastantes, puesto que a pesar de los preparativos, no todo está resuelto. Para debatir sobre ello FARO sentó, cara a cara, al secretario de la Unión de Consumidores, el presidente de la Asociación de Empresas gallegas del Audiovisual y al subdirector xeral de Telecomunicaciones.

JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS - SANTIAGO La entrada paulatina servicio de la TDT, la televisión digital terrestre ha provocado, además de un gran esfuerzo de preparación y explicación por parte de la Xunta, algunas dudas en los usuarios. ¿Qué creen ustedes que va a significar?

– Ignacio Otero. Al ciudadano normal no podemos hablarle sin más de tecnología, sino de servicios: la TDT es televisión, no es una cosa rara. Y se va a implantar por un proceso de innovación tecnológica que significa desconectar el sistema actual, el analógico, de televisión para pasar a otro que utiliza una tecnología digital, nueva, que tiene ciertas ventajas respecto a lo que hasta ahora había.

– Ramón Domínguez. Todo este proceso conlleva innovaciones, oportunidades y retos. La TDT es un sistema de transmisión de señal con una tecnología avanzada que es la digital y que producirá transformaciones insospechadas. Creo sinceramente que el sector audiovisual es muy dinámico, sujeto a múltiples cambios y transformaciones en los últimos años, y asimilará bien éste.

– M. López Crespo. Desde el punto de vista de las organizaciones de consumidores hay algunas cosas que decir. La principal, que estamos básicamente de acuerdo con que la implantación de nuevas tecnologías y sus posibilidades es muy interesante y abre enormes expectativas a cual mejor, pero debe haber una planificación medida en el desarrollo de todo el proceso de la digitalización.

Hay cierta inquietud por posibles incomodidades...

– I. Otero. La mayoría de los ciudadanos no va a notar ninguna diferencia; tendrán seguramente más contenidos, la verán en mejores condiciones, recibirán servicios que en el sistema analógico no podían tener pero en definitiva, repito, lo que van a ver es televisión. Ya pasó con la telefonía móvil: a nadie ha sorprendido que antes tuviésemos teléfonos analógicos y ahora los tengamos digitales. Es más, yo creo que la mayoría ni se enteró del cambio, lo que ha viso son nuevos servicios, quizá más económicos, todos tenemos un teléfono digital y sin traumas.

– R. Domínguez. Para mí es evidente que la televisión digital terrestre va a propiciar un cambio de alcance y dimensiones todavía insospechadas porque de un modo u otro va a afectar a toda la sociedad. Estamos hablando aquí de cierta preocupación oír lo que representa para el ciudadano, pero también para los canales de televisión, para las productoras de contenidos, etcétera. Por lo tanto yo creo que el cambio que viene es económico y además de transformación social; va a cambiar los hábitos de consumo también a la hora de consumir ocio.

– L. Crespo. Insisto en la idea del control y la organización, no sólo por los problemas que ya nos encontramos sino porque hay diferentes clases de consumidores. Están los que podrían demandar servicios de pago interactivos y otros que se limitarían a ver la señal de televisión con mayor calidad y lo que sí se necesita es más claridad acerca de cómo van a funcionar las cosas. Y quiero insistir también en esto a modo de punto de partida: que la reclamación principal desde el mundo de los consumidores es que haya el máximo de rigor.

– I. Otero. Creo que es posible que con la TDT se haya polemizado demasiado a causa de que el proceso puede haber sido quizá demasiado rápido para las consecuencias que tiene para la sociedad y que estamos comentando ahora. Es un proceso, además, que requiere muchísimas inversiones, una serie de actuaciones en combinación con diferentes Administraciones, operadores etcétera, y este proceso, repito, teniendo en cuenta todo eso quizá ha sido demasiado rápido.

– R. Domínguez. Se abren múltiples oportunidades, y hay que estar preparados desde la sociedad para aprovecharlas. Lo que no quita para que los operadores y las productoras tengamos ante nosotros, efectivamente, grandes desafíos. Y añado: la tecnología que esta tras estos cambios va a llevarnos a una nueva era de la televisión. Puede haber cierta inquietud por molestias que serán leves, pero la TDT nos sitúa en un nuevo escenario con un beneficiario principal: el espectador.

– L. Crespo. Habrá sin la menor duda, de hecho ya los hemos visto, una serie de problemas, entre ellos los relativos a la instalación de descodificadores, etcétera, y es de esperar que se vayan resolviendo de una forma razonable. En estos primeros meses de funcionamiento nos vamos a encontrar con desajustes de diferentes tipos y por eso convendría que se dejasen claros algunos detalles y se proporcionase más información de la que está proporcionando la Xunta, aunque esto no es crítica.

La cuestión del pago por esos servicios no va a ser banal...

– I. Otero. Quedan cosas por hacer, el Estado ha de desarrollar aún la normativa de la alta definición, que va a aplicar este mismo año y permitirá nuevos servicios; pendiente también el desarrollo del campo radioeléctrico, lo que llamamos el canon digital porque habrá que abandonar una banda de frecuencias que ahora utiliza la TDT y dejarla para otros usos. Esto va a significar que hasta 2015 estaremos en un proceso de renovación del cambio que afectará a lo hecho hasta ahora, y a eso hay que sumarle la propia complejidad de la TDT de pago, sí, el panorama invita a tomárselo con calma.

– R. Domínguez. Habrá algunos inconvenientes, pero no insuperables y mucho menores que las ventajas. Para los espectadores sobre todo, como ya dije, y para operadores los canales tendrán mayores posibilidades al ampliar su programación y difusión pero causará la fragmentación de las audiencias y la ruptura del sistema de financiación a través de la publicidad. Eso quiere decir que habrá que buscar nuevas opciones de ingresos, lo que lleva a la TDT de pago. Creo que es indudable que esa posibilidad tiene que existir pero desde mi punto de vista es aún algo prematuro plantearlo muy a fondo,

–L. Crespo. Yo creo que con todo este asunto de la televisión de pago hay que hacerse varias reflexiones. La primera, que no hay por qué oponerse de entrada a ella de forma rotunda y total, es una opción más, como se ha dicho ya por mis compañeros de coloquio. Hay muchos productos en el mercado orientados al mercado, a sus diferentes capacidades económicas, etcétera. Hay quien cree que existe un riesgo de que al final aparezcan unas televisiones para ricos y otras para menos ricos en la medida en que se pueda pagar, pero eso ya ocurre ahora, Conviene que no se consolide.

En plena crisis, ¿es el momento adecuado para todo esto?

– I. Otero. Creo que la televisión de pago es una opción que puede ayudar; permitirá a las empresas nacionales tener opciones a contenidos diversificados o específicos. El negocio de la televisión es muy complicado, en el que al no existir una estabilidad del mercado, con cambios y modificaciones en la normativa, ahora mismo el propio negocio es algo a estudiar con detalle para obtener ingresos y sacar adelante las empresas. Y con una competencia enorme en el mercado que será mayor en un futuro próximo.

– R. Domínguez. Se ha dado salida a una necesidad perentoria porque se cubrirán derechos de futuro en cuantías importantes y ahora resuelve en alguna medida un problema aunque dentro de una estructura aún sin resolver. Esto enlaza con las posibilidades que tienen los canales de televisión de ofrecer mejores servicios pero a la vez asumir el reto de buscar nuevas fuentes de financiación; habrá que hacer una buena tipología de programas y buscar ingresos para ellos, al igual que para los nuevos servicios.

– L. Crespo. Nos preocupa que la oferta de calidad, que es lo que en principio se demanda, padezca los efectos de la crisis, busque la rentabilidad inmediata y al final tengamos más de lo mismo. Y podría llegarse a que la calidad sólo se ofrezca bajo la modalidad de pago y quienes no tengan capacidad económica para comprarla queden excluidos o condenados a la televisión basura. Y hay otro riesgo; que se obligue a comprar “paquetes” completos y de ese modo también llegar a dos niveles de televisión en cuanto a calidad y a capacidad económica.

Quizá con la tarifa no baste...

– R. Domínguez. Hay un desafío para las productoras: el escenario para nosotros ha cambiado también, y hay que adaptarse al nuevo orden. Las ideas son de ajuste y adaptación al cambio. La asignatura es producir, y además cómo hacerlo y para quién. Hay que definir objetivos y en función de eso, de la segmentación, establecer los costes y la necesidad de ingresos. ¿Tarifa libre o regulada? No me atrevo aún a dar respuesta.

– I. Otero. Hay otro factor, que es la televisión como servicio, y hay canales para cubrir ese servicio con obligaciones específicas. Respecto a la privada se ha reservado un porcentaje para atenderlo, y a partir de ahí hay que atender a lo que es una política de mercado en el marco en que estamos, que es la UE; las empresas tienen que tener viabilidad para competir; creo que las audiencias marcarán diferencias, costes y gastos.

– L. Crespo. Habrá que esperar que funcionen mínimamente las reglas de la competencia en los diferentes mercados de que se trate, sobre todo cuando hablamos de productos que hasta hace poco tenían condición de servicio público. Ocurre que a medida que se van abriendo al mercado y se opera en función de la audiencia vemos una creciente pérdida de calidad y una infracción continua de las reglas del propio mercado.

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