J. PÉREZ - VIGO
Lejos de ser el remedio para todos los males, en el sector financiero avisan de que los quebraderos de cabeza que a medio plazo dará el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) a las cajas que finalmente recurran al dinero público pueden todavía ser más dolorosos que los provocados por la delicada situación de sus cuentas.
A la Comisión Europea no le gusta el retraso que las ayudas acumulan en España, sin que desde junio, cuando se pusieron en marcha, se haya utilizado ni un euro. Todo un problema para garantizar el libre mercado en el continente, ahora que la mayoría de países finiquitan sus rescates a entidades y el grifo está cerrado.
Por eso una de las condiciones que Bruselas pondrá es que se cumpla escrupulosamente el plazo de cinco años en la devolución. Cantidades multimillonarias –en las fusiones catalanas se estiman unos 1.500 millones y las leonesas pedirán alrededor de 600– a amortizar en poco tiempo y con intereses muy, muy altos. Hasta cuatro puntos por encima de lo que viene siendo habitual en el mercado, según apuntan fuentes de las propias cajas. Dinero muy caro.
Porque en el sector cuentan con que el tipo de interés ronde el 7%, aunque podría darse el caso de llegar al 8% o incluso más. Las cajas emitirán participaciones preferentes para acceder al FROB, que suscribirá el Gobierno, en una combinación de renta fija y variable, con lo que una parte del diferencial viene marcado por la propia entidad. Claro que a la vista de lo que ha ocurrido en las ayudas en otros países europeos y la intención de Bruselas de que los fondos no salgan baratos, fuentes del mercado vaticinan que la devolución mermará el beneficio de las cajas durante varios ejercicios y que muchas de ellas se verán obligadas a vender activos para poder hacer frente al reembolso.
En Cataluña, por ejemplo, donde los procesos de fusión están más avanzados, las cajas prevén que los fondos les costarán entre 33 y 85 millones de euros en intereses. Una cifra que en el peor de los casos se acerca al beneficio en el que están asentadas actualmente las entidades de mediano tamaño, con la previsión de que los resultados de la actividad financiera sigan cayendo durante este ejercicio y la morosidad tampoco pise el freno. Si el tipo de interés se fijara en el mínimo porcentaje que se baraja, un 7%, las cajas gallegas –en caso de integrarse y conseguir los 1.100 millones del FROB que, según la información que tiene la Xunta, serían necesarios para acometer la operación–, tendrían que abonar anualmente unos 240 millones. Muy por encima de los beneficios que a cierre del tercer trimestre del pasado año sumaban ambos grupos financieros: 177 millones.
La otra gran duda sobre el FROB está en su caducidad. El futuro comisario europea de Competencia, el español Joaquín Almunia, dio ayer mismo pistas sobre las posibles fechas límite para solicitarlas. Bruselas quiere que antes de que acabe 2010 se retiren todas las ayudas públicas al sector, aunque en el Ejecutivo comunitario no descartan que sea antes. Que en junio tomen la decisión definitiva y que no se reparta más dinero del que se haya aprobado. Un calendario acorde a la intención del Banco de España de que en el primer semestre esté dibujado el nuevo mapa del ahorro en el país. El organismo regulador quiere que el reparto de fondos esté justificado con planes de viabilidad realistas.
Por eso muchas cajas, como Caixanova, huyen del FROB. Y por eso también muchos expertos financieros miran los fondos con recelos. "No son un regalo", advertía hace unos días en una entrevista a FARO el presidente del Colegio de Economistas de Pontevedra, Juan José Santamaría, que alerta del "elevado coste" de una fusión gallega con fondos públicos. "Poner las ayudas a este precio implica ayudar sólo a los que estén en una situación muy delicada y forzar a muchos otros a financiarse en el mercado", decía a El País el analista de Iberian Equities, Íñigo Vega.