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HEMEROTECA » |
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JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS - SANTIAGO La nueva Ley de Tráfico, que agrava notablemente el importe de las multas aunque suaviza algunos casos actuales de retirada de puntos, ha sido muy criticada, sobre todo por quienes la creen sólo recaudadora. ¿Qué creen ustedes que pretende?
–X. Antón López. El Gobierno lleva ya tiempo, la anterior legislatura y ésta, buscando métodos para reducir la siniestralidad, y es cierto que se ha reducido: es un dato objetivo. ¿Qué sucede? Pues que esta Ley, que tuvo doscientas enmiendas, presenta algunas lagunas importantes, sobre todo en el proceso sancionador. Un proceso que a veces no sé si es más bien únicamente recaudador, incluso con un exceso de privatización en el modo de recaudar y probablemente también en el sistema de notificar. Y esa es una cuestión que convendría analizar muy despacio.
–J. M. López Marín. Según está planteada, la Ley tiene una parte para mí interesante, que es la agilidad cuando una persona reconoce que ha cometido una falta, porque eso facilita la tramitación burocrática que estaba notablemente congestionada e incluso podría llevar a una indefensión en el sentido de que muchas veces los recursos se resolvían de forma absurda, casi sin ser vistos, y por supuesto analizados, por parte de quienes tendrían que informarlos. Por tanto en ese aspecto creo que la Ley es útil, aunque haya que analizarse con mayor tranquilidad y perspectiva. Me parece, en fin, que en conjunto puede ser beneficiosa para los ciudadanos.
–Ramiro Otero. Nosotros desde Comisións vemos que efectivamente se ha cambiado la mentalidad de la conducción, de la educación vial, con avances gracias a las nuevas modificaciones, la Ley de puntos, etcétera. Esta va más allá pero creo que recae en algo que ya denunciamos con la otra, y es que se está obviando la parte profesional, se está dejando de considerar aspectos profesionales importantes en aras a la recaudación pura y dura, y creemos además que no se está avanzando en el fondo del problema, que es lograr una conducción segura en España y también en Galicia.
¿Realmente hay dudas legales sobre la Ley?
–X. A. López. Creo que el Gobierno está confundiendo lo que es un derecho, como los recursos contra las multas, con una especie de escaqueo, valga el término coloquial, de la propia sanción. Y eso desde luego es un error, desde mi punto de vista, sobre todo cuando se condiciona la reducción de la cuantía de la multa a no presentar recurso; eso, en un Estado de Derecho, es más que discutible. Insisto, creo que tiene lagunas, aunque a la vez presenta virtudes casi como todas las Leyes.
–L. Marín. No opino sobre aspectos jurídicos, pero he dicho que puede ser útil, sobre todo si modera algunos aspectos concretos que buscan aumentar ingresos municipales. Es evidente que quien comete una infracción debe pagar, pero no sólo a base de estaca. Es como en la educación, que a base de palos, por mucho que digan, no entra. El ciudadano tiene que actuar, en esto, como en todo, por convicción, con educación y para eso precisa formación e información. Y no veo que la haya.
–R. Otero. No soy un experto en leyes, pero estoy de acuerdo en las dudas sobre el recurso y en que, efectivamente, esta Ley debería fortalecer aspectos de educación y de formación. Es necesario introducir la educación vial en las escuelas de forma que, cuando los escolares lleguen a mayores, sean capaces de dominar los diferentes aspectos de la conducción. Pero no se pueden hacer las leyes sólo para recaudar, sin medios reales para que los accidentes vayan a menos. Da la impresión de que el Gobierno sólo quiere resolver que se pague antes para no esperar ni retrasar los abonos por medio de los recursos. Esa no es solución contra los accidentes.
¿Cuáles son los aspectos que olvida, o que peor trata?
–X. A. López. A mí me parece que esta es una Ley que contempla poco la prevención. Ya he dicho que atiende a criterios coercitivos, aunque de forma diferente a otras, pero no a los educativos y menos aún a los preventivos. Y eso no está mal, porque hay que cumplir una serie de requisitos que si no se cumplen requiere una sanción. Pero en ocasiones es verdad que parecen gustar las buenas estadísticas de forma preferente. En todo caso, falta un reconocimiento expreso a la buena conducción.
–R. Otero. Los efectos positivos están ahí y no se pueden negar: el asunto de la ITV, la prohibición de los inhibidores de radar, etcétera. Pero buena parte de los efectos negativos deriva de la falta de educación: nadie puede saltarse las leyes a la torera, y ahí sí que es donde hay que actuar, no debiera haber posibilidad de rebajar multas en determinados casos, por ejemplo. Y quiero criticar el aspecto de las rebajas en las multas, eso de “paga cuanto antes y no recurras porque así te hago descuento importante”. Vamos a llegar a lo que ocurre en otros países, que te obligan a pagar la multa en mano, en el momento, y así hacen aún más rápida la recaudación, que parece lo que importa.
–L. Marín. Voy a seguir la línea de Ramiro: es evidente que prevenir es curar. Y hay un grave problema social, y por tanto tiene que intervenir la sociedad civil, además de la Administración, que desempeña un papel clave con los ciudadanos como ejecutores eficaces de sus instrucciones, El problema es que la sociedad ignora un punto importante: que el dinero que invierte en formación vial es dinero que se va a ahorrar en atención médica o indemnizaciones a víctimas de accidentes. Y en cuanto a la Administración, parece quedar satisfecha con el mero hecho de la evaluación previa al carné, y ésa es muchas veces una formación deficiente,
–X. A. López. Estoy de acuerdo, y desde luego al hablar de educación vial hay que hablar de escuelas y autoescuelas. Pero no conviene olvidar la prevención, y en ese capítulo una referencia a un asunto muy importante, clave, que va más allá de la Ley; aquí abundan los puntos negros de tráfico, pero sin embargo los controles, la señalización, etcétera, son aspectos manifiestamente mejorables. Y ese es un aspecto en cambio que sí define el afán recaudatorio del Estado. Comprendo que hay más gasto público, pero las arcas no pueden llenarse, creo, por la vía de las sanciones.
–R. Otero. Yo creo que hay que ir con determinación a eliminar puntos negros, que aún hay muchos, a la señalización más correcta y realista de la carretera y, en definitiva, a facilitar información útil al conductor. Y quiero referirme de forma concreta a las autoescuelas, que efectivamente no pueden ser meras tramitadoras de un carné, un documento, sino que tienen que enseñar de verdad a conducir: cada alumno debe salir de una autoescuela con un conocimiento importante de cómo hay que conducir y qué hacer en circunstancias concretas. Y si hay que alargar el tiempo de enseñanza, pues que se alargue.
–L. Marín. Hay alumnos que no quieren entrar en el aula porque creen que no sirve para nada, cuando en realidad es básico porque le va a enseñar la norma, entender para qué sirve, etcétera. Esa formación solamente la puede dar un profesional cualificado, y no adquirirse por internet, como se está anunciando ahora por ahí. El otro día se anunció una autoescuela que difundía la posibilidad de obtener el carné en un día, lo cual es mentira. Y el mismo fiscal general del Estado dice que hay que potenciar el aula, y el curso entero, con programas específicos de prevención.
En suma, ¿será útil para los ciudadanos esta Ley ?
–X. A. López. Sí y no. Será útil porque se va a recaudar más ágilmente, cuando se cometa una infracción clara se pagará rápidamente porque tendrá un descuento muy importante, y en ese aspecto, estupendo. En otro, en el de que la gente vaya con más cuidado con los seguros, la ITV, etcétera, también bien. ¿Será útil para salvar vidas? Bueno, las modificaciones anteriores sirvieron, las estadísticas están ahí, pero insisto en que la Ley deja una laguna muy importante, que es la de la formación. Creo que se ha perdido una oportunidad muy importante para crear una asignatura específica y en general para reforzar el aspecto formativo, educativo, del aprendizaje de la conducción.
–López Marín. Sí, puede serlo. Pero hay una serie de asuntos que están ahí y deben tenerse en cuenta porque hay una siniestralidad demasiado elevada, Habría que dar cursos para fomentar la prevención, por ejemplo. El problema de la que algunos llaman “Ley ómnibus” es que va a convertir todo esto de lo que hablé sobre educación para la conducción en un desbarajuste, un desastre, descohesionará todo; es vergonzoso que una autoescuela ponga en su programa lo del “carné en cinco días”, eso es un atentado contra la seguridad. Y hay que repudiarlo, ir a la calidad en la formación, interrelacionar conceptos e impartir educación vial por especialistas.
–R. Otero. Para nosotros, visto desde Comisiones Obreras, la nueva Ley de Tráfico tiene, e insistimos una vez más en ello, un defecto básico: que se olvida de la parte profesional de la carretera, y una vez más el Gobierno obvia ese aspecto de la conducción. Sobre la colaboración en la educación vial, estoy de acuerdo en que hay que prestarla; los sindicatos organizamos cursos, etcétera, y creemos que va a ser útil sobre todo para las fábricas de aparatos de control de las tarjetas, ¿me explico con claridad? Acertó el Gobierno en su momento en la Ley por puntos, pero se equivoca en ésta en cuanto a que no pone medios suficientes para reducir más aún los accidentes en carretera.
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