JULIO PÉREZ - VIGO
Pese a que la fórmula no es precisamente nueva, regulada por una normativa europea de 2006 que el Banco de España desarrolló un par de años después, y que incluso por ella apostaron las cajas rurales en su momento para redimensionarse, el Sistema Institucional de Protección (SIP) como alternativa a las, parecía, ineviables fusiones entre entidades a la vista de las dificultades del sector, surgió con el debate del nuevo mapa ya avanzado. Al cruce de los muchos intereses que rodean este tipo de operaciones se unió la incertidumbre sobre un modelo que los críticos presentaban y presentan como el camino irremediable, antes o después, a una fusión total. Pero la normativa es clara y permite, siempre que los socios avisen con al menos dos años de antelación, romper el contrato en el que se asienta. Con la fortaleza que imprime en la cobertura de riesgos y el acceso en mejores condiciones a los mercados de financiación, muchas entidades, interesadas en conservar su personalidad jurídica y su identidad, vieron una nueva oportunidad de futuro. Hasta el punto de que en este momento hay cuatro SIP en marcha, una caja más dispuesta a hacerlo y unos cuantos más en análisis, entre ellos los que barajan Caixanova como primera opción y Caixa Galicia como "plan B" si no hay fusión.
Del malo de la película, un instrumento que no suscitaba demasiada confianza, a casi, casi un objeto de deseo, a punto de superar entre los procesos abiertos a las fusiones convencionales, con cuatro en trámites (dos en Cataluña, otra en Andalucía y la última en Castilla y León). ¿Cuáles son los SIP encima de la mesa? La andaluza Cajasol y la manchega Caja Guadalajara, dispuestas además a que se unan las dos entidades de Extremadura y Caja Granada. Por otro lado, la única alianza en una misma región, entre las cajas que quedaron descolgadas de los procesos de integración en la comunidad, Caixa Penedés y Laietana. En ese proceso están también Caja Rioja, la CAI de Aragón y Caja Insular de Canarias. La otra entidad del archipiélago tiene un pacto firmado con Caja Navarra. Por último, Caja Cantabria, la primera en aferrarse al SIP, cuenta con el visto bueno de su consejo para analizar las oportunidades que aparezcan.
Y por ese camino quiere andar Caixanova si no es posible seguir en solitario. Desde hace semanas trabaja en un SIP con, en palabras de su director general, José Luis Pego, "las mejores cajas" del país. Dos de sus principales argumentos en su caso, más allá del músculo financiero y el mantenimiento de la marca, son el relativo impacto para el empleo y la red de sucursales, en contraposición con la fusión gallega, en la que la cifra de recorte de plantillas, muchas por prejubilaciones, supera largamente los 1.000 puestos de trabajo.
Ante la negativa rotunda de la caja viguesa a integrarse, Caixa Galicia tiene el SIP como escenario posible, con una entidad de levante y otra del centro, según aprobó en su último consejo de administración. Una puerta abierta a acercarse a Caja Madrid y Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM). La caja madrileña ya intentó una fusión en verano y la coruñesa le dijo tajantemente que no. Claro que meses después de lo que se habla es de una alianza.
El último en hablar de esta posibilidad fue el propio presidente de la Xunta ayer en el Parlamento. O "unión" entre ellas o "unión" de cada una con entidades foráneas. Alberto Núñez Feijóo encaró las llamadas fusiones frías como una "novedad a estudiar" allá por octubre. El escenario ya no es el mismo y la popularidad del SIP sube como la espuma.