JULIO PÉREZ - VIGO
Hay que escarbar un poco en la historia reciente de Galicia para dar con las primeras tentativas de una fusión de las dos cajas gallegas. Tras la integración de las entidades del sur de la que salió Caixanova y las sucesivas operaciones protagonizadas también en el corazón de Caixa Galicia. Su director general, José Luis Méndez, tenía en mente ya entonces que el futuro para un sector financiero fuerte en la comunidad pasaba por crear una única entidad. Pero el presidente de la Xunta en aquel momento, Manuel Fraga, frenó sus aspiraciones. El proyecto volvió a resurgir al calor de los primeros movimientos del nuevo mapa de las cajas de ahorros en España este verano y sobre todo con la intención indisimulada de Caja Madrid de juntarse con Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) y con la entidad coruñesa, que se apuró a negarse con un comunicado.
La primera opción en la hoja de ruta de Caixa Galicia ha sido, es, la fusión con Caixanova. Por su deseo de lograr “la mejor solución” para la economía autonómica. Durante muchas semanas no trascendió ningún otro pensamiento de la entidad, hasta que la rotunda oposición de Gayoso en San Caetano abrió las puertas “a otros escenarios” en la cúpula liderada por José Luis Méndez.
Por el camino llegaron de nuevo los rumores de, esta vez, una alianza, sin fusiones, con Caja Madrid y la CAM, una posibilidad que Caixa Galicia puso sobre la mesa abiertamente en su último consejo de administración, la pasada semana. El matiz llegaba de nuevo ayer, durante la reunión a tres bandas con Feijóo y Caixanova, con la posibilidad también de un SIP entre las dos entidades gallegas y alguna otra más foránea. Un discurso en el que sigue pesando con fuerza la fusión. ¿Cuáles son sus argumentos?
Empleo. Los informes internos de Caixa Galicia estiman que una buena parte de los entre 1.000 y 1.300 puestos de los que habría que prescindir pueden saldarse con prejubilaciones.
Competencia. El libre mercado queda garantizado por las demás entidades que operan aquí.
Músculo financiero. La caja resultante se mantedría entre las cinco más fuertes del país.
Respaldo social. Los gallegos verían con buenos ojos que la comunidad tuviera su propia caja.
A Caixa Galicia tampoco se le escapa que en la operación lleva la etiqueta de “la grande”, con el poder que eso da en las negociaciones. Pero en el entorno de Méndez defienden que su actitud es “generosa” y no pone ninguna condición. La única, que las dos estén de acuerdo. Algo que la entidad coruñesa da prácticamente por imposible y un problema menos grave ahora que dice tener un “plan B”.