REDACCIÓN - SANTIAGO
Aunque el Ministerio de Fomento asume en sus estudios que el transporte en vehículo privado continuará siendo el medio preferido para quienes viajan entre Vigo y Oporto –sólo 44.000 personas optan por el tren–, las esperanzas están puestas en que el volumen de usuarios se multiplique por trece y alcance la cifra de 607 mil pasajeros al año, es decir, 1.600 al día. El principal perjudicado será, si las estimaciones son correctas, el autobús, que ahora utiliza casi medio millón de personas al año, y que difícilmente podrá competir con un AVE que reduce el viaje entre las dos ciudades a una hora –frente a las tres y media que se requieren a día de hoy para el mismo recorrido–.
No obstante, el diseño inicial del AVE que unirá Vigo y Oporto no será tan veloz, ya que la mitad irá por vías que, por falta de adaptación, no permitirán superar los 130 kilómetros por hora. Eso supuestamente ocurrirá en el tramo entre Oporto y Braga. En la parte gallega, y según el plan original, está previsto que exista una vía doble electrificada, en este caso sí expresamente diseñada para alcanzar los 200 kilómetros por hora. En las perspectivas de Fomento también está mantener la vía antigua para que pueda seguir siendo utilizada para el transporte de mercancías.
Pero este diseño podría cambiar porque Portugal propone ahora que la línea sea nueva y sólo para el tráfico de viajeros.
En todo caso, la velocidad prevista queda lejos de los 300 kilómetros por hora que alcanza el AVE que circula entre Madrid y Barcelona, por ejemplo. No obstante, rebajar la velocidad simplifica el coste y la exigencias de construcción tanto de la propia línea como de los elementos estructurales en los que se apoya, más complejos si cabe por la orografía gallega.
Así, sólo en la parte gallega, los 9,2 kilómetros que irán de Porriño hasta la frontera portuguesa, será necesario, según el estudio de Fomento, construir tres viaductos además del que se planifica para salvar el cauce del Miño.