SELINA OTERO - VIGO
"El auge incontenible de ese país no es una amenaza sino una fuente de fortaleza para la comunidad de naciones. Ningún estado puede hacer frente a los desafíos del siglo XXI individualmente. Tanto Estados Unidos como China seremos mejores si estamos juntos". Este fue parte del discurso que el presidente de EE UU, Barack Obama, transmitió a las autoridades del país asiático en su reciente viaje oficial a Oriente.
Dejando atrás las desavenencias de un pasado de convivencia obligada entre regímenes políticos contrapuestos, hasta el presidente de la nación con más proyección y peso del globo se ha percatado de que el nuevo orden internacional nace en Asia. Que China haya ascendido al segundo puesto como potencia económica mundial no pasa inadvertido para ningún país: un fuego naciente al que arrimarse. "El ascenso de una fuerte y próspera China puede ser fuente de fuerza para la comunidad internacional", según palabras de Obama en Tokio. China está dispuesta a cooperar pero marcando sus reglas de juego. Hu Jintao, el presidente del universo del dragón con más de 1.300 millones de habitantes, advirtió a su homólogo estadounidense que ambos países deben rechazar el proteccionismo "en todas sus formas", en una alusión a la imposición de aranceles a los neumáticos chinos por parte de Washington desde septiembre. Ambos tienen las riendas de la economía mundial en sus manos. El nuevo orden económico global ha provocado la reacción de los países que buscan su expansión. España ya ha firmado con la potencia capitaneada durante años por Mao Zedong acuerdos por un valor de 1.360 millones de euros en áreas como las energías renovables, tanto eólica como solar, y el transporte aéreo. China es el mayor proveedor extracomunitario del territorio español, además de ser el mayor mercado de España en Asia, aspirando a alcanzar un volumen de comercio de 40.000 millones de dólares en 2011.
Vínculo empresarial
El sector empresarial gallego tampoco es ajeno al auge mandarín. Y las relaciones comerciales no sólo se limitan, como antaño, a exportar productos al mercado asiático. Ahora se trata de abrir tiendas, oficinas o fábricas en suelo de Tíbet, Pekín, Shanghai, Xinjiang, Taiwan, Gansu, Hunan o Guizhou. Las firmas gallegas Eurolatón, Armadora Pereira, Zara, Blusens, Islas Talleres y Montajes, Cablerías Conductoras o Productos Koala ya lo han puesto en práctica. Han atravesado la ruta de la seda, saltando hasta la orilla del pacífico en dirección Este con infraestructuras, personal en plantilla, procesos productivos y estrechos vínculos interpersonales para atender la nueva rama de su negocio. Las puertas que se abren desde Asia también tienen un efecto idiomático. En menos de diez años el éxito económico chino será más palpable y las posibilidades de formar parte del nuevo entramado económico emergente son superiores si el chino, superada la fase del inglés, consta en el apartado de dominio lingüístico de un curriculum vitae. Hace tres años Galicia incorporó chino y japonés (además de árabe y ruso) al abanico de lenguas que se imparten en las Escuelas Oficiales de Idiomas de Vigo y A Coruña. Desde entonces, la cifra de matriculados se ha incrementado anualmente: en la actualidad, un total de 278 curiosos y atrevidos cursan chino en Galicia y, respecto al japonés, la cifra asciende a 297. Los números no son elevados, sobre todo si se comparan con los más de 17.000 que estudian inglés o los 4.000 que aprenden francés, idiomas extranjeros que siguen siendo mayoritarios. Pero, sin duda, los estudiantes de las lenguas asiáticas marcan tendencia: en sólo tres años el número de interesados en ideogramas y pictogramas ha ido en aumento. Todo apunta, según analistas de mercado y visionarios, que las relaciones económicas entre ambas potencias abrirán un nicho laboral para traductores y conocedores de ambas culturas. No obstante, antes de dominar el mandarín o el alfabeto hiragano, los aspirantes han de pasar un duro entrenamiento idiomático de ocho años. Si el plan de estudios de los demás idiomas se divide en seis cursos (dos de Básico, dos de Intermedio y dos de Avanzado), la dificultad del chino y el japonés eleva el periodo de aprendizaje a ocho cursos.