JULIO PÉREZ - VIGO
Entre las razones que el Club Financiero de Vigo, los empresarios del sur de la comunidad y también la propia Caixanova esgrimen para oponerse a una fusión con Caixa Galicia al amparo del baile en el que se mueve el sector en los últimos meses hay una que destaca especialmente por el impacto social. Tal y como están las cifras del desempleo, la reforma de la red de sucursales de ambas entidades en caso de una integración –suman casi 900 puntos de atención al cliente en las cuatro provincias– es un quebradero de cabeza y una medida muy impopular por las miles de personas en el paro o con costosas prejubilaciones para la sociedad resultante de la operación. Por eso las posibles compañeras de viaje en las que se fija el equipo liderado por Julio Fernández Gayoso para situarse en la reordenación del mapa de las cajas son dos grupos financieros con los que se complementaría en presencia, sin traumas en sus respectivos territorios. Cajastur dispone únicamente de 6 oficinas en Galicia. Cajamurcia, de ninguna. La entidad viguesa, por su parte, opera con sólo una delegación en Asturias y con 7 en la región murciana.
Sin contar la aportación de Caja Castilla-La Mancha (CCM) a la alianza que las tres entidades reconocen como posible opción para ganar solidez –el Banco de España acaba de dejar a CCM en manos de Cajastur tras su intervención pública y por delante le queda un profundo proceso de reestructuración con el correspondiente cierre de oficinas para devolverle la liquidez que ahora mismo no tiene–, las tres superarían las 1.300 sucursales. Caixanova roza las 600, Cajamurcia tiene 433 y 348 la caja asturiana, que controla ahora también las más de 500 de la entidad manchega. Evidentemente, el punto fuerte del negocio de cada una de ellas está en su comunidad, donde concentran la mayoría de las delegaciones.
A partir de ahí, ¿en qué zonas se han fijado para crecer? Principalmente en Andalucía, donde Cajamurcia tiene abiertas 26 oficinas, 19 en el caso de Caixanova y 19 también en el de Cajastur, según los datos que figuran en la última memoria de la patronal del sector, la CECA, a cierre de 2008; y en la Comunidad Valenciana, un pilar para la caja murciana por proximidad, con 123 –y una razón también, entre otras, para su oposición férrea a integrarse con las dos entidades de la región, Bancaja y CAM–, 20 de Caixanova y 22 de Cajastur. Hay un tercer mercado de referencia, Madrid, con medio centenar de sucursales de la caja viguesa y 40 de Cajastur, y una cuota muchísimo más pequeña por parte de la murciana, con sólo 6. Precisamente, Cajamurcia no está presente en Cataluña, donde sí trabajan Caixanova (22) y Cajastur (23).
La entidad presidida por Julio Fernández Gayoso tiene patas en toda España, con las únicas excepciones de Ceuta y Melilla y es la única de las tres con puntos en el extranjero, cuatro. El entramado de Cajamurcia, en cambio, se ciñe a seis comunidades; y Cajastur, además de las ciudades autónomas, no cuenta con sucursales ni en Baleares, Extremadura, La Rioja y Navarra.
A la vista del reparto, la dimensión y la distribución de la red es, y las tres entidades son conscientes, una de las mejores armas para defender un posible Sistema Institucional de Protección (SIP) para afrontar el nuevo escenario financiero español. Aunque Caixanova, Cajastur y Cajamurcia se plantearan limar la estructura para hacerla más eficaz, los efectos en la plantilla serían mínimos. En el sector recuerdan que las cajas gallegas, en cambio, tendrían que apostar por una profunda modificación para darle la vuelta a las casi 880 oficinas que aglutinan entre las dos en Galicia. Demasiadas ante la obligación de diversificar el riesgo, una de las claves en las integraciones que se están perfilando.