SANDRA PENELAS
Es uno de los vigías del proceso de adaptación de las universidades europeas al nuevo escenario común de la Educación Superior. Manuel Souto participa en proyectos de evaluación y en el diseño de políticas educativas con otros investigadores e instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), para quien examinó recientemente la reforma de la formación profesional realizada por el Gobierno mexicano. También ha analizado temas sobre igualdad o el perfil socioeconómico de los estudiantes del programa Erasmus.
Poco se imaginaba este compostelano sobre su futuro profesional cuando él mismo realizó un intercambio en Cardiff (Reino Unido). Cursaba el último año de Ciencias Políticas. "Me matriculé en la carrera el último día un poco por casualidad. Estaba cerca de casa y me pareció atractiva porque era muy multidisciplinar. Y lo de irme de erasmus ni siquiera fue idea mía, sino de otros dos compañeros de clase", admite con humor.
Desde entonces, su trayectoria profesional le ha conducido a lo largo de la geografía británica. En 2000 inició un máster sobre análisis de políticas sociales europeas en la Universidad de Bath becado por la Fundación Barrié. Después trabajó en la City, el centro financiero londinense, y, poco después, lo fichó para su delegación de Birmingham la consultora internacional Ecotec, presente en más de una decena de países.
Allí desarrolló proyectos para el Gobierno británico y la Comisión Europea y ascendió hasta ser nombrado director. También se doctoró en Oxford y, al terminar, Ecotec lo envió a su oficina de Madrid. Desde hace más de un año ha vuelto a residir en Bath, esta vez como profesor e investigador del departamento de Educación. "Colaboro con la consultora GHK y con organizaciones como la OCDE porque me gusta estar en contacto con la vida real y participar en proyectos con resultados más tangibles", añade Souto, de 33 años.
En el seguimiento de la adaptación a Bolonia trabaja con investigadores de Holanda y Alemania. Su trabajo finalizará en 2010. "En España ha habido un problema de desinformación, aunque algunas universidades han sido bastante pioneras. Y lo que estamos viendo en todos los países es que cumplen el expediente formal, pero realizan pocas reformas en profundidad. En la orientación de las carreras hacia las competencias que debe tener el alumno se ha recorrido menos de la mitad del camino", apunta.
La educación es una de las prioridades de la UE y esto conlleva vigilar que las políticas gubernamentales cumplan sus objetivos: "Reino Unido tiene una mayor cultura evaluadora que España. La media europea de gente que abandona la escolarización obligatoria es de un 10%, mientras que la española ronda el 30%. Por responsabilidad democrática, alguien deber controlar estos temas".
Relevo generacional
Souto opina que el relevo generacional en el profesorado "le vendrá bien" a la universidad española. "Está cambiando, pero la tradición está ahí. Hay profesores que tienen cierto orgullo en suspender, mientras aquí sucede todo lo contrario y te enseñan competencias transversales como discutir o trabajar en equipo que te llevarás contigo toda la vida", compara.
Durante su estancia en Oxford, Souto hizo un trabajo sobre la permanencia en las carreras de los estudiantes españoles: "Los británicos no se lo creían. Aquí casi todo el mundo acaba en los años establecidos y nos decían de broma que somos unos vagos".
En cuanto a la hegemonía estadounidense en los rankings internacionales, reconoce que aquel país tiene universidades "muy punteras en excelencia", pero que la media europea es mejor. "Además siempre se mide la investigación, pero hay quien pone más énfasis en la docencia", aclara.
Souto se encuentra en Bath como en casa: "Es una ciudad pequeña y universitaria como Santiago y, en lugar de catedral, tiene una abadía. Es manejable y segura. El cuerpo de élite aquí se dedica a combatir los graffiti. Aunque echo de menos la luz de Galicia".
El compostelano prefiere la tranquilidad a los agobios de las grandes urbes. "Londres es una locura. El metro en hora punta era horrible", recuerda. Frente a la trepidante vida en la capital, el día a día en Bath es más tranquilo y sus habitantes tienen tiempo para la charla afable: "En Oxford la gente también es muy amable. Un día vino a casa un electricista y a los dos meses estaba en su boda que, por cierto, fue con una española".