JULIO PÉREZ - VIGO
Con la agitada reestructuración del sector financiero español y la puerta abierta a un nuevo mapa de las entidades de ahorros, Caixanova tiene la mirada puesta más allá de Galicia. En una alianza de la mano de cajas de otras regiones con las que complementar el negocio, fortalecerse y evitar el impacto que en la plantilla, las sucursales y en la competencia para el tejido productivo tendría cualquier operación que se realizara dentro de la comunidad. Sus argumentos para oponerse a una posible fusión con Caixa Galicia, como ya adelantó su presidente, Julio Fernández Gayoso, al jefe del Ejecutivo gallego, Alberto Núñez Feijóo, a principios de esta semana. Hay conversaciones con Cajastur y con Cajamurcia. Las tres, según fuentes conocedoras de la operación, analizan un Sistema Institucional de Protección (SIP), la fórmula que les permitiría mantener su identidad comercial y sus sedes, a cambio de compartir riesgos y ganar solidez.
Tanto Caixanova, como sus dos posibles compañeras de futuro siempre mostraron su disposición a seguir en solitario en el baile abierto en el sector tras el envite de la crisis económica en la cuenta de resultados de cajas y bancos españoles por el freno de la actividad, el alza de la morosidad y las repercusiones del pinchazo del ladrillo.
Sin matices, las tres defienden su solvencia y el rechazo a cualquier proceso de integración total con otras entidades. Pero no renuncian a hacerse grandes sin perder autonomía y poder competir mejor en el escenario que se perfila y que alientan las propias administraciones y el Banco de España.
El máximo responsable de Caixanova así se lo hizo saber a Núñez Feijóo en su encuentro del lunes acompañado de expertos de la consultora Deloitte. Un plan que “sorprendió” al presidente gallego, que tiene entre manos la documentación también que le aportó Caixa Galicia con un panorama totalmente diferente y la tesis contraria, la apuesta por la fusión entre ambas.
Aprovechar sinergias
En el sector financiero gallego se habla de la intención de Caixanova, Cajastur y Cajamurcia de lograr “mejores ratios de eficiencia y solvencia” con el posible SIP, aprovechando las sinergias –de hecho, la caja asturiana y la murciana comparten una misma plataforma tecnológica, Infocaja, para los servicios a sus clientes– y que su red de oficinas, que alcanzaría las 1.300, no se vería apenas afectada por la operación.
Ninguna de las protagonistas quiere hablar demasiado de la una eventual operación hasta que haya algo en firme. Caixanova guarda silencio, Cajastur se centra en dar explicaciones sobre la inmediata absorción de Caja Castilla-La Mancha –con otro medio centenar de oficinas– y sólo Cajamurcia reconoce que ha habido contactos con la caja asentada en Vigo. “No han llegado a negociaciones con papeles de por medio”, optan por decir, prudentes, sus responsables, que insisten en que se trata de “conversaciones generalizadas” dentro de la reorganización que está viviendo todo el sector y en la que Cajamurcia tampoco está dispuesta a pasar por una fusión.
La vía del SIP interregional podría además coincidir con los planes del Gobierno central, a la vista de las palabras del ministro de Fomento, José Blanco, que el martes puso sobre la mesa del debate el “éxito” de las empresas gallegas “saliendo fuera”.
La Xunta, por su parte, reitera su incapacidad para “imponer” ningún movimiento, pero sí “para vetarlo”. Su decisión sigue pendiente de documentación que debe remitirle el Banco de España. A punto están también de llegar las cuentas del tercer trimestre de Caixa Galicia.