La nueva oposición

El PSdeG se aleja del BNG

Socialistas y nacionalistas protagonizaron ya una decena de desencuentros, el último sobre el topónimo La Coruña

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Touriño abraza a Quintana en su toma de posesión como presidente de la Xunta, en agosto de 2005.  // Conchi Paz
Touriño abraza a Quintana en su toma de posesión como presidente de la Xunta, en agosto de 2005. // Conchi Paz 

Cuatro años de Gobierno de coalición se borraron de un plumazo. Tras la victoria del PP en las elecciones autonómicas del 1 de marzo, PSdeG y BNG iniciaron un discurso cada vez más distante y en ocasiones contradictorio con las políticas defendidas la pasada legislatura. La derrota de socialistas y nacionalistas supuso la renovación en ambas direcciones y la apuesta por un nuevo rumbo político. Atrás queda el abrazo de Touriño y Quintana en la Praza do Obradoiro en verano de 2005. En siete meses, una decena de encontronazos se sucedieron entre los dos partidos de la oposición. Una nueva carrera comienza hacia las municipales de 2011.

ROSA PRIETO - A CORUÑA Nuevo líder y nuevo rumbo político. La derrota del PSdeG en las elecciones autonómicas de hace siete meses forzó una estrategia de distanciamiento con los que durante cuatro años habían sido sus socios de Gobierno, los nacionalistas. La nueva etapa de los socialistas, con Manuel Vázquez al frente, ya no pasa por ir de la mano del Bloque. Su objetivo, tal y como proclamó en su discurso como nuevo secretario xeral del PSdeG, es gobernar en solitario en Galicia.
Desde los comicios del 1-M, socialistas y nacionalistas han puesto de manifiesto que son más las políticas que los separan que las que intentaron compatibilizar durante su etapa al frente del bipartito. El último desencuentro se produjo esta semana a raíz de la puerta abierta por la dirección del PSdeG al uso oficial del topónimo La Coruña. Las críticas internas en el Partido Socialista forzaron la rectificación de su líder, Manuel Vázquez, apenas dos días después de haber lanzado la propuesta. Con este enfrentamiento, se cierra un decálogo de encontronazos entre las dos fuerzas aliadas la pasada legislatura.
Al conflicto lingüístico que abrió un nuevo cisma se suma una lista de desencuentros que toca casi todas las áreas. Desde la reforma del Estatuto pendiente, hasta la subida de impuestos anunciada por el Gobierno de Zapatero, pasando por la aprobación del Fondo de Reestructuración Bancaria o los pactos entre populares y socialistas en materia de urbanismo o la designación de los integrantes del Consello de Contas.
El número dos del PSOE, José Blanco, fue el primero en hacer examen de conciencia tras el castigo en las urnas. Los socialistas dieron por hecho que el bipartito perdió por errores propios. Con la vista ya puesta en la nueva etapa, Blanco admitía que había sido un error formar un Gobierno de "cohabitación" y no de "coalición" con el Bloque y apuntaba a la "competición" por el poder en la Xunta como una de las causas de la derrota. "Los ciudadanos quieren un presidente —argumentaba— que tenga la capacidad de tomar decisiones sobre el conjunto del Gobierno".
Entonces, el vicesecretario general del PSOE ya sabía que el futuro no pasaba por Emilio Pérez Touriño. Fue precisamente en la jornada de reflexión cuando Blanco y algunos de los principales dirigentes socialistas pactaron la sustitución de Touriño si, como temían, el PP desalojaba del poder al bipartito. En su cabeza ya rondaba un nombre, el del ex conselleiro de Medio Ambiente Manuel Vázquez.
El apadrinado por Blanco respondió a la estrategia diseñada por el PSOE en Galicia desde el minuto uno. En el congreso de abril, Vázquez, elegido secretario xeral, puso un punto y aparte con el touriñismo y también con sus antiguos aliados en la Xunta.
En su discurso, el nuevo líder de los socialistas gallegos destacó que el partido acababa de comenzar un "nuevo rumbo" con un "único objetivo": Gobernar solos. Desde entonces, los socialistas han tratado de distanciarse de las políticas que la pasada legislatura pactaron con los nacionalistas erigiéndose como aspirantes únicos a liderar la alternativa al PP. Vázquez enterró así la llamada hecha la noche del 1-M por Carlos Aymerich a mantener la unidad entre PSOE y BNG para "desbancar" a los populares.
Esa unidad con sus antiguos socios sí se mantuvo en los concellos, exentos del objetivo del PSdeG de gobernar en solitario. Aunque la idea inicial de redefinir los pactos con el BNG y aplicar a los ayuntamientos las lecciones aprendidas en la Xunta, finalmente, y pese a que Vázquez aseguraba que su partido "no tiene nada que ver con el nacionalismo", el sucesor de Touriño rechazó revisar los pactos municipales suscritos en cinco de las siete grandes ciudades —A Coruña, Vigo, Santiago, Ourense y Pontevedra— y en otro medio centenar de concellos.

Estatuto

En vísperas del Día de Galicia, el 25 de julio, el PSdeG se adelantó al resto de partidos para relanzar el debate sobre la modificación del Estatuto de Autonomía y abrir una comisión parlamentaria en septiembre.
El fracaso de las negociaciones sobre la reforma en la pasada legislatura estuvo marcado por el uso del término nación. Si se llega a utilizar, el PP avisaba de que no apoyaría el texto. Si es obviado, el Bloque se opondría. Pero fuera ya del Gobierno, Vázquez rehizo el discurso de su partido sobre la cuestión identitaria advirtiendo de que ese debate "significó un retroceso". Una vez más, los socialistas se desmarcaron del Bloque al asegurar que no le importará pactar el nuevo Estatuto con el PP si los nacionalistas se empantanan en debates como los de la inclusión del término nación.
Sobre la posibilidad de que PP y PSdeG dejen de lado a los nacionalistas, el nuevo portavoz del BNG, Guillerme Vázquez, advirtió a los socialistas de que "perjudicaría gravemente a Galicia" y el texto quedaría en una "reformita de cuatro aspectos" cuyas consecuencias "pagarían los gallegos".

Concurso eólico

Uno de los asuntos más polémicos durante la etapa del bipartito fue el concurso eólico. A dos meses de las elecciones, PSdeG y BNG rompieron sus relaciones por las dudas de los socialistas sobre la seguridad jurídica del proceso. Los socialistas plantaron la comisión de evaluación, dejando sólo como parte del jurado a la Consellería de Innovación con sus siete representantes y la de Medio Rural, con un único miembro. Las dos gobernadas por el BNG. El enfrentamiento que provocó la puja entre los socios del bipartito ha dejado secuelas, al menos en las filas socialistas, hasta el punto de que el nuevo secretario xeral llegó a insinuar la conveniencia de haber cesado a algún conselleiro de la etapa anterior, en alusión al ex titular de Innovación, Fernando Blanco, por su gestión.

Infraestructuras

El Gobierno amigo de Zapatero dejó de serlo para el BNG cuando los nacionalistas abandonaron la Vicepresidencia de la Xunta. De dar por hecho que el AVE llegaría a Galicia en 2012, el BNG pasó a exigir "valentía política" al Ejecutivo central para admitir que la alta velocidad no llegará a la comunidad en el plazo anunciado. "Cada vez más gallegos dudan de que el AVE entre Madrid y Galicia esté concluido en 2012. No es creíble", sentenció el senador del BNG Xosé Manuel Pérez Bouza en una sesión de control al Gobierno celebrada apenas una semana después del 1-M. La llegada del lucense José Blanco a Fomento no frenó la ola de críticas del Bloque. Del acuerdo alcanzado con el nuevo presidente de la Xunta, el portavoz del BNG, Guillerme Vázquez, dijo que se trataba de un "pacto fraude" y se declaró sorprendido de que Alberto Núñez Feijóo pasase de la "hipercrítica" con el Ejecutivo de Zapatero al "idilio". "PSOE y PP permiten que Galicia sea la última, el vagón de cola", cuestionó el nuevo líder nacionalista.

Sistema financiero

Durante la votación del Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB), socialistas y nacionalistas volvieron a escenificar la brecha. El Congreso aprobó la regulación del sistema financiero con los votos de PSOE y PP, aunque en el debate los populares dejaron claro que no renunciarán a cambiar la ley de cajas para reducir la influencia de los Gobiernos autonómicos. Desde el BNG, el diputado Francisco Jorquera admitió la necesidad de acometer una ordenación del sistema, pero advirtió de sus "profundas discrepancias" con el texto por "vaciar de contenido las competencias" de las comunidades autónomas.

Senado

La decisión del PSdeG de colocar a su número dos, Pablo García, en el Senado abrió un nuevo frente. El portavoz parlamentario del Bloque, Carlos Aymerich, se sumó a las acusaciones de los populares sobre la "inmunidad" parlamentaria buscada "con prisas" por los socialistas para proteger a Pablo García en el caso de la supuesta agente electoral del PSOE que investiga el juzgado de Corcubión.

Consello de contas

Hace una semana, PSdeG y BNG se distanciaron más. El encontronazo se produjo a raíz del reparto de miembros del Consello de Contas, donde el Bloque ya no tendrá representante. Aunque los nacionalistas defendieron la aplicación del reparto proporcional para reclamar un conselleiro en el órgano fiscalizador, socialistas y populares se aliaron en defensa de la Ley d´Hont. Ese reparto otorga un conselleiro al PSdeG y otro al PP.
El cargo que correspondía al Bloque pasa a manos del PP a cambio de que los socialistas apoyasen el nombramiento de Pablo García, secretario de Organización del PSdeG, como senador por designación autonómica. Los nacionalistas denunciaron que tenían derecho al cargo y que estaba garantizado por un pacto con los socialistas. Como gesto de desacuerdo, la ejecutiva del Bloque decidió no votar al candidato propuesto por el PSdeG, Francisco Constenla.

Urbanismo

No fue el único pacto PSdeG-PP del que quedaron excluidos los nacionalistas. En urbanismo, el presidente de la Xunta y el presidente de la Fegamp, Carlos Fernández, pactaron un nuevo marco legal que incluye el compromiso de redactar una nueva ley del suelo esta legislatura.
El Bloque no tardó en desmarcarse. Para los nacionalistas, el anteproyecto de reforma de la Lei do Solo responde a un diseño "ultraliberal" y supone una "subordinación de la federación de municipios a los intereses de la Xunta. El vicepresidente del organismo municipalista, Francisco García, del BNG, interpretó el acuerdo en un contexto de "claro pacto" entre socialistas y populares para "rediseñar la política urbanística y ambiental en el rural en un sentido —añadió— "claramente involutivo".

Agricultura

Dos años después de la aprobación por parte del bipartito del Banco de Terras de Galicia, la normativa avanza hacia su primera reforma legal. En una ocasión más, las diferencias quedaron de manifiesto: el PSdeG se desmarcó y el Bloque se quedó solo defendiendo el modelo del Bantegal impulsado por el bipartito. Esta semana, el Parlamento aprobó una iniciativa del PP sobre la eliminación del derecho de tanteo y retracto, que otorga a la Xunta un trato preferencial a la hora de adquirir propiedades agrarias en venta. Sólo el BNG votó en contra. Sus antiguos socios se abstuvieron.

Impuestos

Sobre la subida de impuestos anunciada por Zapatero, BNG y PSdeG también tienen visiones opuestas. Para los nacionalistas, la subida del IVA es un "mal punto de partida" para recabar apoyos a los presupuestos del próximo año. Por el contrario, para los socialistas es lo más recomendable. Los 2.004 millones que incluyen las cuentas del Estado para 2010 resultan insuficientes para el Bloque. Al contrario que ocurrió el año pasado, cuando socialistas y nacionalistas convivían en San Caetano, el BNG tiene claro que votará en contra de las cuentas si no se producen "cambios significativos". Muy lejos de análisis positivo de los socialistas, que destacaron que el Gobierno cumple con el compromiso del 8% para Galicia.

Toponimia

El decálogo de desencuentros lo cierra la defensa de la "L" por parte de los socialistas para el topónimo de la ciudad herculina. Pero la puerta abierta por el líder socialista a la cooficialidad de A Coruña y La Coruña la cerraron en apenas 48 horas las críticas internas en el PSOE. "¿A qué juega el PSOE? ¿Es un paso más a nuevos acuerdos con el PP?", se preguntaban los nacionalistas nada más conocer el lunes la decisión de la dirección del PSdeG de condicionar el cambio en la Ley de Normalización Lingüística, aprobada por unanimidad en 1993, a un cuerdo previo del Concello. Dos días después de haber abierto la caja de pandora, Vázquez rectificó. Las declaraciones del líder del PSdeG fueron tachadas por el BNG de "desvarío político" y "ejercicio de hipocresía".

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