Cara A Cara

¿Son los funcionarios unos privilegiados?

Castor Fernández Soto, Responsable de Admon. Local (CC OO de G.); Francisco Núñez Rodríguez, Secretario de Admon. Pública (UXT); y José Francisco Méndez Castro, Presidente de CSIF Galicia dialogan sobre esta cuestión.

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De izquierda a derecha, Castor Fernández Soto, Francisco Núñez Rodríguez y José Francisco Méndez Castro.  // Jorge Leal
De izquierda a derecha, Castor Fernández Soto, Francisco Núñez Rodríguez y José Francisco Méndez Castro. // Jorge Leal 

La reciente firma del convenio de la Administración Pública, que afecta a dos millones y medio de personas, y que además de fijar un muy ligero incremento salarial para el año 2010 establece un sistema de compensación en 2012 para garantizar el mantenimiento del poder adquisitivo de los empleados públicos, ha resucitado la vieja polémica acerca de una supuesta ventaja de esos trabajadores sobre otros del sector privado. En tiempos como estos, con el par creciendo hasta índices muy elevados, esa sensación de privilegio se acrecienta. Para debatir sobre ello FARO DE VIGO sentó, cara a cara, a representantes de los diferentes sindicatos mayoritarios en el mundo de la Administración pública de Galicia.

JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS - SANTIAGO En tiempos de crisis como estos, no son pocos los ciudadanos que se preguntan si quienes tienen garantizado prácticamente de por vida su puesto de trabajo y el salario no debieran considerarse unos privilegiados. Ustedes no lo comparten, por supuesto; ¿o sí?

–Castor Fernández. Ni en lo personal ni en lo social: no, en absoluto. Una cuestión es el momento económico, las tendencias o la mala situación que hay y que genera una competitividad tan feroz que provoca la precariedad, y otra es el derecho a la estabilidad, que debieran ejercer todos. Pero que una parte muy importante de la masa laboral no tenga esa estabilidad no significa que quienes sí la tengan sean unos privilegiados. Y menos en el sentido peyorativo que a veces se da al concepto.

–Francisco Núñez. En UGT creemos que sí, pero en otro sentido; lo somos desde el punto de vista del servicio a la sociedad, desde el punto de vista de la solidaridad porque nosotros los funcionarios y empleados públicos somos absolutamente solidarios con el país y los primeros en apoyar cuando las cosas van mal. Y de hecho a los primeros a los que se les pide que den un poco más de sí, que trabajen un poco más e incluso cobren lo mismo o un poco menos es a los empleados públicos.

–José F. Méndez Castro. Cuando hablamos de empleados públicos hablamos de dos millones y medio de personas en España y de ciento cincuenta mil en Galicia, y hablamos de los trabajadores que tienen a su cargo los pilares básicos del Estado del bienestar: sanidad, enseñanza, Justicia, seguridad ciudadana, etcétera. Y hablamos de gente que accede por mérito, por capacidad tras procesos selectivos donde participan decenas de miles de personas para optar a sólo cientos de plazas.

–C. Fernández. Añado que el propio concepto del trabajo está en cierta medida pervertido en algunos planteamientos. Pervertido. De tal manera que a veces da la sensación, y lo digo también como crítica a los media, que tener un trabajo, un empleo. es una suerte, y eso es mentira: es un servicio que se presta a cambio de una remuneración; nadie se plantea, cuando se está en este trabajo, que haya privilegio porque los salarios son mileuristas tras veinticinco años de antigüedad. Y la precariedad en las Administraciones públicas creció de una manera brutal.

–F. Núñez. Vamos a ver: quiero insistir en algo que se ha dicho, pero que a veces llega poco a la opinión pública: que los empleados públicos son la garantía del Estado del bienestar, lo que no les aporta ningún tipo de privilegio, pero tampoco las ventajas que muchas veces se creen. Hay otros métodos en el sector privado, mucho mejores salarios para muchos de sus trabajadores, y eso no se dice, de eso nunca se habla. Nos ven como el hombre o la mujer del manguito tras una ventanilla, y es falso. Hay una idea desfasada, irreal de nuestro trabajo.

– J. F. Méndez. Pues sí, hablamos de la garantía del Estado del bienestar y quienes trabajan en ello no tienen precisamente salarios muy altos, ¿no? Somos un colectivo que incluso en el boom económico lo que hicimos fue perder poder adquisitivo, casi un punto por año. Y si hablamos del último cuarto de siglo llegamos casi a un cuarenta por ciento de pérdida. Todos nosotros tenemos memoria de que entonces, trabajando sólo uno en casa, mantenía la familia con cierta holgura; hoy un matrimonio, empleados públicos ambos, apenas llega a fin de mes.

Es que con casi cuatro millones de parados, el trabajo mismo es casi un privilegio...

–C. Fernández. Esta sociedad, y no sé por qué, es injusta, con los trabajadores públicos sobre todo quizá porque tienen un empleo estable y un salario seguro, como se ha dicho. Pero también eso es falso; esa estabilidad que a veces se critica ni siquiera llega al 40 por ciento de los empleados públicos. Que no son funcionarios, aunque a menudo se les identifica como tales.

–J. F. Méndez. Hombre, es verdad que hay una estabilidad mayor en general que en el sector privado, pero tiene su lógica: imaginarse una sanidad pública, por ejemplo, en la que cada seis meses o un año se cambiase el personal a través de agencias de empleo temporal daría como resultado, no un Estado del bienestar, sino más bien uno del malestar.

–F. Núñez. Reitero que hay una visión que empobrece nuestra imagen y que empobrece a la vez la de las Administraciones a las que servimos. Y lo hacemos en hospitales, en residencias de mayores, cuidando la seguridad pública, etcétera. La sociedad es un poco burlesca en ese sentido, suele echar la culpa en momentos de dificultad al que cree que está en mejor situación.

La imagen del manguito...

–C. Fernández. A pesar de ello seguimos identificando al empleado público como alguien que trabaja poco, o como se ha dicho, que está detrás de una ventanilla con el manguito. Eso no es verdad: los empleados públicos tenemos una enorme cantidad de necesidades no satisfechas y, a pesar de eso, el servicio se presta, igual o mejor que en muchas empresas privadas, con defectos y con virtudes, pero, en todo caso, con el mismo nivel de exigencia. No sé por qué se quiere discutir, o rebajar, el hecho de que los servicios esenciales los prestan trabajadores públicos cuya función exige una serie de condiciones, no por ellos, sino por la sociedad misma. Que me perdonen, pero a veces parece como si lo que se quisiera es que todos estén mal porque hay un sector con problemas. Eso es algo miserable.

–F. Núñez. El empleado público es el que está sirviendo a esa sociedad que, efectivamente, a veces, sin razón, se queja de ellos: si los tenemos, porque sí, si no, porque no, ¿qué carajo es esto? A veces la propia sociedad es la que no sabe, en el fondo, lo que quiere. Y si se reclama un servicio público digno y eficaz, como tantas veces se dice, hay que pagarlo, hay que pagar a los empleados públicos que son más baratos que en las empresas privadas y además tienen por formación una idea colectiva, separada del beneficio particular, del trabajo que presta. Y se ha dicho, pero hay que insistir en ello: no todos los empleados públicos son fijos, al revés. Al revés: hay muchísimos empleados públicos en precario, y ahí están las listas de contratación que, sólo para la Xunta por ejemplo, son interminables.

–J. F. Méndez. Este debate que se da en la sociedad actual tiene algo de perverso. Mirad, en una crisis como la actual resulta patético que se pase a primer plano la cuestión de los empleados públicos y su supuesta estabilidad, laboral o salarial. Lo que se esta ocultando a la opinión pública es, por ejemplo, que el nivel medio de los ingresos declarados de los empresarios españoles apenas es de nueve mil euros, y muchos autónomos declaran doce mil, y nadie se rasga aquí las vestiduras ni protesta o se indigna; y, en cambio, que un mileurista empleado público que declara quince mil es un privilegiado porque cobra todos los meses con cierta regularidad y, encima, porque supuestamente tiene asegurado el empleo... Es una vergüenza y habría que explicar por qué se produce y a quién interesa ese mensaje.

Ustedes dicen que hay muchos mitos sobre todo esto...

–J. F. Méndez. ¿Estamos en una sociedad desequilibrada? Pues me parece evidente: nadie. protesta, ni se moviliza, por el fraude, por la ocultación de riquezas o por el nivel impositivo de las SICAV. ¿El problema son los empleados públicos? No me hagan reír, caramba. Lo de la estabilidad es un mito, y miren cómo en la sanidad pública se hacen decenas de miles de contratos temporales al año; no sé de qué estabilidad hablamos. Y hay otro mito, lo de la seguridad en el empleo: en Andalucía hay Ayuntamientos con ERE para el personal laboral. Y hablamos además de un colectivo que paga a Hacienda hasta el último céntimo, no hay ningún otro oficio que lo haga así. Y, en fin, en épocas de crisis los empleados públicos tiran de la economía porque permiten mantener un nivel de gasto necesario, ¿no?

–C. Fernández. Hay otro tópico, u otro mito, como ha dicho el compañero, que conviene eliminar de una vez ahora que tenemos esta oportunidad: el empleado público, sea funcionario o no, no vive mucho mejor y más tranquilo que los demás, y por ese futuro sosegado y atractivo se presenta tanta gente a las oposiciones. No, no es así: cuando hay trabajo, hay demanda, en la privada y en la pública, aunque cuando hay menos oportunidades en un sector, se buscan inmediatamente en otro. Eso es lo normal. Mi experiencia de veinticinco años en la Administración local me dice que uno de los problemas es que adolece de profesionales de nivel. ¿Por qué? Pues, con perdón por la expresión, porque pagan una mierda. Y si con los de máximo nivel pasa eso, ya me dirán algunos cómo pagan al resto. Dejémonos ya de historias.

–F. Núñez. Quiero decir una cosa más, y agradezco mucho esta oportunidad para explicarnos que nos brinda FARO a representantes del colectivo más importante de trabajadores de este país, sobre esto de las supuestas ventajas. Hay muchos trabajadores que en épocas de crisis se refieren al sector público diciendo que alberga privilegiados, pero es lo cierto que cuando no hay crisis se callan y no se presentan a las pruebas porque se cobra mucho más en otras actividades. Yo llevo muchos años y soy mileurista, y quizá en alguna gran empresa cobran el doble con menos tiempo. Por eso no se presentan y por eso deberíamos quizá también hablar de estas cosas cuando no haya crisis. Y en cuanto a derechos, se vulneran tanto en un sector como en otro, lo que hay que hacer es defenderlos.

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