F. FRANCO - VIGO
A sus 28 años, Alejandro Torres trabaja en la sede romana de Technip, esa multinacional francesa especializada en servicios de ingeniería y construcción entre cuyos clientes están la rusa Lukoil, la saudí Aramco o la francesa Total, para las que realiza el diseño y montaje de refinerías y todos los procesos de investigación pertinentes. Ingeniería de proceso es precisamente lo que hace el grupo de entre 5 y 15 personas del que él forma parte en esa filial romana de Technip que agrupa unas mil personas en cuatro grandes edificios, sólo superada en tamaño por la central de París.
Dada su edad, aún es largo el oficio que le queda por delante, aún impensable el currículum que le queda por dibujar pero este vigués ya se ha encaminado por las grandes avenidas de ese sector químico en el que empezó a soñar de adolescente. Ayer, desde su casa de Roma, donde esperaba a unos amigos gallegos para ver por satélite el partido Madrid–Tenerife, Alejandro hacía memoria a requerimiento nuestro de ese pasado suyo que aún es tan reciente.
Los comienzos
“Estudié Preescolar en Martín Códax y Andersen -nos decía-, y el Bachillerado en el Coia 4. Ya en esta etapa escolar un amigo de mis padres, ingeniero químico en la Universidad de Vigo, introdujo en mí el gusanillo del conocimiento de esta ciencia que ahora forma parte sustancial de mi vida. En la Universidad de Santiago conseguí ese título que me abrió las puertas a mi actual experiencia profesional”.
Acabó en junio de 2004 y, mientras hacía su trabajo fin de carrera sobre la “Producción de dimetiléter mediante la hidrogenación de metanol“ (opaco título para los profanos), en su cabeza se formó la idea de marcharse a Londres a trabajar en cualquier cosa unos meses para aprender inglés. “Tuve la suerte –nos contaba– de que una profesora de la Universidad de Vigo me pusiera en contacto con un colega de la de Liverpool que me ofreció hacer allí el doctorado realizando un estudio sobre un nuevo proceso para la producción de metil-metacrilato. Y allí estuve entre 2005 y 2007”.
Alejandro Torres puso con su investigación un broche final a una serie de estudios ya desarrollados por varios equipos universitarios ingleses, que ahora se materializaron en la construcción de una planta industrial en Singapur. Acabado allí su trabajo y pensando en venir a España para acabar su tesis de doctorado, llegó el azar al galope del amor a marcarle el nuevo rumbo: Roma, con la palermitana de la que se enamoró, que a su vez empezaba allí su doctorado.
El sector petroquímico, hacia el que orientó el envío de currículos, fue el camino que emprendió en Italia. Contratado por la Technip en un equipo de ingenieros de proceso, están ahora terminando un estudio sobre el aprovechamiento del crudo más pesado para una refinería en Bulgaria que monta la rusa Lukoil. Luego, les esperan otros cinco proyectos para el diseño y montaje de otras refinerías en Cuba, Israel, Jordania, Irak y Arabia Saudí.