CARLA LOSADA - SANTIAGO
La crisis económica explica el descenso de las rupturas matrimoniales en Galicia, que han caído un 11,32% el último año. Debido a los altos costes de los pleitos, la inestabilidad laboral y los costes de las viviendas muchas parejas optan por dejar sus problemas a un lado y aparcar las rupturas para épocas de mayor abundancia. Una situación que ya viene dándose desde el año 2006, y que sigue la tónica de toda España, donde las disoluciones –nulidades, matrimonios y divorcios– han bajado un 13,5%.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) son reveladores. Aunque la comunidad gallega es la quinta que registra más rupturas matrimoniales en toda España –7.062– la disminución es evidente, ya que no sólo se ha producido un descenso con respecto a 2007, sino también en 2006, año en el que las disoluciones de pareja fueron un 18,57 % mayores.
Así, por delante de Galicia en número de rupturas matrimoniales sólo se encuentran Cataluña, Andalucía, Madrid y la Comunidad Valenciana.
Las causas de que se reduzcan las separaciones, nulidades y divorcios son muy variadas, empezando por la posible pérdida de patrimonio y de dinero, si los cónyuges no llegan a un consenso en el reparto de bienes. Quién se quedará con el coche o con la casa, la duda de si uno de los esposos perderá gran parte de sus posesiones trae graves quebraderos de cabeza y hace que muchas personas opten por no cambiar su situación legal.
Por otro lado, el alto grado de desempleo y las dificultades para conservarlo no ayudan a que los esposos decidan romper legalmente. En el caso de los cónyuges de edades que superan los 40 años el problema es mayor, especialmente si uno de ellos no trabaja, pues a las dificultades para encontrar trabajo con la recesión económica, hay que sumar los baches que las personas de esta edad tienen para encontrarlo.
La ruptura matrimonial supone, por si fuera poco, que los esposos se trasladen de hogar. No es raro el caso en el que uno de los cónyuges ha tenido que costearse una nueva casa cuando aún estaba pagando la hipoteca de la anterior. Así, que a algunos no les queda más remedio que seguir conviviendo lo más civilizadamente posible, a pesar de que la relación sentimental se haya roto.
¿Y qué pasa con los hijos? Si los padres no asumen una custodia compartida el progenitor que los cuida tiene que afrontar él sólo los costes que antes llevaba con su pareja. Las pensiones alimenticias de los niños tampoco son cosa de broma para los bolsillos de las familias.
Los coruñeses son los gallegos que más han tenido en cuenta las precariedades económicas de las rupturas de pareja, ya que es en esta provincia donde se ha producido la mayor caída de disoluciones matrimoniales, hasta un 31,55 % con respecto a 2008. De este modo, en la provincia de A Coruña se desciende de las 3.350 rupturas de 2007 a las 2.993 de 2008.
A Coruña le siguen las provincias de Pontevedra y Ourense, cuya media de descenso de rupturas es más próxima a la del resto de España –de un 12,5%–, ya que en estas regiones las separaciones legales han caído un 12,77% y un 11,31%, respectivamente. En el último puesto se encuentra Lugo, en el que con 770 rupturas matrimoniales, la disminución ha sido más leve, tan sólo de un 9,09%, muy lejos de la cifra de A Coruña.