FÁTIMA PÉREZ-DORCA - MADRID
"No concibo estar en política sin tener una labor", declaró a este periódico el ministro tras conocerse su decisión. Por eso, dice, ha optado por volver a la docencia, como catedrático en la Facultad de Comunicación de la Universidad Carlos III de Madrid. Poco después de las once de la mañana de ayer, una cuarentena de alumnos aguardaban expectantes la llegada del ministro. "Me apetece tenerlo como profesor", afirmaba Aurora Ferrer, una de las estudiantes. El ministro los saludó con un "hoy regreso y vosotros tenéis la suerte de recibirme".
De pie, paseando de un extremo a otro de la tarima, Molina explicó a la concurrencia en qué iba a consistir la asignatura Periodismo y cambios sociales que imparte. Para los alumnos el temario era "más de lo mismo" aunque la novedad era el encargado de impartirla: todo un ex ministro.
Los alumnos seguían casi sin pestañear las explicaciones de Molina. El socialista debió de percatarse e hizo un amago por relajar el ambiente: "No os preocupéis, nunca me he dedicado a atormentar a nadie ni a fastidiaros la carrera", prometió. Vestido de forma adusta con un traje gris y una camisa rosa, a juego con una corbata azul con rayas de tono pastel inquirió: "En mí podéis encontrar a una persona que os puede comprender", recalcaba para ganarse a la concurrencia.
A medida que la clase avanzaba, se hacían más evidentes los signos de cansancio. "Dos horas aquí sentado me da algo" susurraban desde las filas del fondo algunos que trataban de hacer más llevadera la clase bebiendo refrescos, chateando con el móvil o incluso a base de hidratar las manos con crema.
La letanía sólo parecía romperse en cambio cada vez que el ministro pronunciaba la palabra "yo". En ese instante volvía la expectación. Cualquiera diría que lo único que interesaba al auditorio era la fascinante vida del profesor que un día estuvo en el Gobierno de Zapatero.
Tras la clase, Molina pasó unos minutos atendiendo las dudas de los alumnos. A ellos les explicaba que respondería a las preguntas "con mucho gusto". Y es que para el ex diputado la docencia es "una de las labores más gratas". Por ese motivo, mientras le formulaban las cuestiones repetía con una sonrisa en la cara que "no hay nada mejor que explicar la literatura, el periodismo y la libertad de expresión". Se notaba que era su primer día de clase tras seis años apartado de las aulas aunque aseguró sentirse "como si lo hubiera dejado ayer" pero con "más experiencia y saber".