CARLOS IGLESIAS / MARTA FERNÁNDEZ
Costa da Morte, quizás la única región costera que haga temblar a los bravos y valientes hombres de la mar. Esta zona supuso también el "punto y final" para un elevado número de buques que acabaron en el fondo marino. Lo peor de estos accidentes es que no sólo desaparecieron los barcos, sino también las vidas de las personas que trabajaban en ellos.
Uno de estos múltiples casos ocurrió hace tres cuartos de siglo. Según los historiadores, un 20 de agosto de 1934 (casi ni nuestros abuelos se acuerdan) a "Costa da Morte" se "tragó" al petrolero ruso Boris Sheboldaeff. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas humanas, aunque la víctima de este suceso fue el ecosistema gallego, que no se pudo recuperar hasta dos años después. Las consecuencias también fueron económicas, ya que los marineros de la zona no pudieron practicar la pesca de bajura durante doce meses.
La visión británica de la zona "maldita"
La leyenda de la "Costa da Morte" se agrandaría año a año, pero lo realmente interesante y a la vez contradictoria es la historia creada por el Imperio Británico. Para los historiadores de las Islas los hechos acontecidos en la región costera gallega son producto de las acciones de los piratas de la zona.
Esta interpretación sentó muy mal a los vecinos de localidades como Camelle o Muxía, ya que por todos es sabido que muchos de sus habitantes llegaron a arriesgar sus vidas para salvar a los tripulantes de los buques que naufragaron en el "punto negro" del Océano Atlántico.
Otros hundimientos
La leyenda empezó en 1890 con el naufragio del HMS Serpent. El desenlace fue fatal. 172 marineros murieron, salvándose tan sólo tres de los tripulantes. Los cadáveres fueron salvados por los vecinos de la localidad de Pescadoira y enterrados en lo que ahora se conoce como "el cementerio de los ingleses".
Además de las tragedias del Prestige y el Serpent, las cosas gallegas sufrieron otras como la del Mar Egeo, que encalló en 1992 en A Coruña provocando lluvias ácidas en Terra Chá; la del Polycommander, que afectó a la Ría de Vigo; o la del Urquiola, que pese a encallar en la entrada del puerto de A Coruña, su cargamento de fuel llegó a la playa de la Punta.
Por último, el Prestige, el más reciente y quizás una de las peores catástrofes ecológicas que ha sufrido Galicia, se rompió por la mitad a mar abierto provocando una marea negra que incluso llegó a Francia. Lo que empezó como unas simples "galletitas" se convirtió en un vertido que tiñó negro la costa gallega y gran parte de la vertiente cantábrica. Esperemos que sea el punto y final de una región que está cansada de ser el cementerio de los petroleros.