J. PÉREZ - VIGO
Con gas natural, gasóleo, fuel e incluso energías residuales, como el caso de la planta de Repsol en A Coruña, la central de mayor potencia en el parque de cogeneración gallego, más de 94 MW. El combustible, con precios muy volátiles y fecha de caducidad, es la única pega que se pone a las instalaciones que emplean una técnica capaz de producir calor y electricidad a través de un único proceso. Hay ya una vuelta de tuerca, la llamada trigeneración, que añade a ambas energías un sistema de absorción para producir frío y que en Galicia ya usan varias plantas, como la que tiene el hospital Povisa de Vigo, con 2,4 MW de potencia.
Al situarse muy cerca de los consumidores, las pérdidas energéticas son mínimas en la red. Los defensores de la cogeneración hablan también del aumento de la competencia entre productores. Porque estas instalaciones permiten que casi cualquier tipo de industria venda electricidad en el mercado. O el impulso para la creación de nuevas empresas.
Un buen ejemplo son las cinco sociedades que Eufer, la filial de renovables de Unión Fenosa, tiene en Galicia. Tres con los propietarios de Jealsa en Boiro y Santiago de Compostela, otra con la maderera ourensana Orember y una más con Parmalat en Caldas de Rei.